lunes, octubre 26

Hacia atrás en el tiempo (24)

No fue un beso corto, pero tampoco muy largo. En realidad no supe cuánto duró exactamente porque mi cerebro desconectó en aquel momento. Lo único en lo que podía pensar es que aquellos eran sus labios, familiares para mí, a los que siempre tenía ganas de besar por las pocas oportunidades que tenía de hacerlo. Pensé que Daniel tenía que haber imaginado que iba a hacer algo por el estilo, porque no me apartó ni rechazó mi beso. Pero nuestros labios finalmente se separaron, y yo abrí los ojos. Él también, y ambos nos miramos fijamente sin decir nada. Nos miramos igual que nos habíamos mirado tantas veces. Sentí su aliento en mi nariz y entonces los ojos se me anegaron en lágrimas que no pude contener y que se desbordaron a través de mis pestañas.

Seguía allí.

Me llevé las manos a la cara para esconderme de él, avergonzada, llorando. No podía parar de llorar. Sabía que tenía que estar haciéndolo sentir incómodo, pero no podía evitarlo. Me di la vuelta dispuesta a marcharme de allí, a continuar con mi llanto a cualquier calle no transitada sin que nadie me viera, cuando él apoyó una mano sobre mi hombro para determe. La aparté de mí y giré la cabeza para que no mirarlo y me senté en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, llorando.

- No... no llores...- dijo, con torpeza.
- No ha funcionado...- conseguí decir, entre hipidos.- No he vuelto. Estoy todavía aquí... Lo siento mucho, Daniel.- dije, disculpándome.- Has besado a otra chica que no es tu novia. Perdóname. Ha sido una estupidez... ¡menuda gilipollez!- me puse de pie, todavía llorando.- Lo siento.- repetí.- Lo siento mucho. Será mejor que me vaya... a alguna parte. Adiós.
- ¡Espera!

Me sujetó por los brazos y me miró a los ojos. Intenté parar de llorar de una puñetera vez.

- ¿A dónde vas?
- No sé.- respondí con apatía.- A tirarme en cualquier esquina. Con suerte tal vez me atropelle algún coche... Y lo prefiero... porque le robé dinero a mis padres para venir hasta aquí y no saben que ha sido de mí porque no les dije nada... Me van a matar. Tal vez sea lo mejor.

Daniel, abrumado, no sabía qué decir. Y no le culpé. Mucho era que estaba soportando mi llanto y no me había mandado a la mierda todavía. Ni lo haría; él era un caballero. Ya me daba igual todo... absolutamente todo. Menuda pérdida de tiempo. Lo peor de todo era que... si aquello no me había devuelto a mi tiempo, nada lo haría. Estaba condenada.

Me aparté de él y sin decirle nada me di media vuelta y eché a andar. No sabía a donde me dirigía, no veía apenas nada debido a que las lágrimas emborronaban mi visión, pero no me importaba. Me sentía avergonzada, humillada, perdida totalmente. Mi cuerpo se movía por sí solo, dando un paso después de otro, de forma automática. Tenía las manos heladas por el frío. Y por eso no sentí que alguien me cogía una de ellas hasta que sentí un tirón de mi brazo.

Me di la vuelta y me encontré con Daniel, que me había seguido. Me pasó una mano por detrás de la cintura y me atrajo hacia sí. Con la otra me acarició la mejilla y se inclinó sobre mí hasta besarme. Aquel tampoco fue un beso largo, pero fue mucho más apasionado que el anterior e hizo que mi corazón latiera casi frenético, cortando el llanto al instante. No abrí los ojos, pero cuando me separé unos centímetros de él lo oí susurrarme al oído:

- Te quiero.

Sentí un vacío en el estómago y un escalofrío que me sacudía de pies a cabeza. Me mareé y cambié de posición mis pies para evitar caerme. De repente estaba acalorada y las mejillas me ardían. Abrí los ojos y el marrón de los suyos se borró, se desvaneció delante de mí, para dar paso a un local conocido, el aire seco y caliente del verano, y a tres caras familiares que me observaban con perplejidad.

- ¿Estás bien, Ana?- me preguntó Violeta, poniéndose en pie rápidamente y acercándose a mí.

No pude más que abrazarla. La abracé con todas mis fuerzas, tan fuerte que incluso se quejó. Empecé a llorar otra vez, pero de alegría en aquella ocasión.

- ¿Estás llorando?- se extrañó ella, mirándome con preocupación.- ¿Qué te pasa?

Intenté contestarle, pero no me salían las palabras. Le sonreí y le di un beso en la frente mientras la volvía a abrazar.

- ¡Ahora vengo!- conseguí decir, al fin.

Salí apresuradamente del bar y respiré de nuevo el aire estival de Granada, riéndome sola y llamando la atención de quienes pasaban por allí en aquel momento. Me saqué el móvil del bolsillo y busqué un número en la lista de llamadas recientes. Esperé impaciente a que diera tono y a que me lo cogieran.

-"¡Buenas, Ana!"
- Hola. Yo también te quiero, mi Daniel.- dije, con una sonrisa tan amplia que me dolían las comisuras de la boca.

1 comentario:

Carlos dijo...

OH! ¡Por fin el final! ^-^
Ya cuando le besó y no funcionó... Dios, creí que me daba algo, pegué la nariz a la pantalla del ordenador con tanta fuerza... xD
Aish, me da pena que se acabe ya, pero supongo que si lo hubieras alargado demasiado a lo mejor habría quedad raro xD
Y sí, lo pasé bien en el cumple de mi abuela (dios, qué de comida había... Y cuando parecía que se acababa, ¡más! xD) y hoy más de lo mismo, que volvimos a ir a su casa y, cómo no, más comida aún xD A este paso acabaré pesando toneladas xD
Y me alegro de que te guste Abbise, el tercer capítulo es... En realidad no sabía qué iba a contar en este capítulo hasta que me puse a escribirlo xD Pero ahora lo sé y me parece que es relativamente interesante xD
Un beso!
Carlos