jueves, septiembre 24

Gatos Negros (4)

CUARTA PARTE

Sin saber porqué, Dio salió de su casa en dirección a la salida de la ciudad. No se paró a pensar en si era una idea mala o buena, y tampoco se percató del terrible temporal que asolaba el valle. No miró con atención y no vio el huracán que empezaba a formarse no muy lejos de allí, aunque de haberlo visto, posiblemente tampoco le hubiera importado demasiado. Tenía que ir a un sitio donde lo estaban esperando y no podía llegar tarde. Aligeró el paso, dejando atrás casas en las que se escuchaba el llanto de los niños pequeños, y pronto se encontró corriendo hacia un bosquecillo de pinos a kilómetro y medio de la ciudad como si se le fuera la vida en ello.

No tardó en tener las botas y los pantalones manchados de barro, el pelo chorreando y la ropa mojada pegada a la piel, pero no era consciente del frío ni del cansancio del que se aquejaban sus músculos. Cada paso que daba lo acercaba más a su destino y estaba impaciente por llegar al fin y descubrir a quien lo aguardaba. El bosquecillo de pinos, que aunque era muy parecido a todos los demás para él era completamente inconfundible, apareció detrás de una loma, apartado del camino. Dio se desvió corriendo campo a través y se adentró entre los árboles saltando para esquivar las raíces traicioneras y los animales salvajes, que aterrorizados, se escabullían entre sus pies.

La llamada silenciosa estaba ya muy próxima y lo único que Dio escuchaba y sentía eran los fuertes latidos de su corazón, más rápidos a cada segundo que pasaba. Fue entonces cuando al llegar a un pequeño claro, se detuvo por un instante antes de seguir latiendo de nuevo.
Delante de él lo esperaba una chica.

A pesar de que su aspecto era joven, Dio fue incapaz de estimar una edad aproximada; lo mismo podría haber tenido dieciséis años que veintiséis. Era un poco más baja que él y vestía un vestido verde oscuro, deshilachado en los bordes de la falda y de las mangas y que dejaba al descubierto su piel nívea, casi transparente. Una capa negra y rota le colgaba de los hombros, y unas botas grises resguardaban sus pequeños pies. Su rostro era perfecto y hermoso e inspiraba en él una atracción irresistible acompañada de una ligera advertencia. Su cabello ensortijado, agitado por el viento, era de color anaranjado, al igual que sus ojos almendrados. Unos ojos que ya había visto antes.

La joven tenía la mano extendida hacia él y Dio, sin pensárselo, alargó su brazo hacia ella, en respuesta.

- Espera, Dio.

El muchacho se dio la vuelta, desconcertado. Malium se aproximaba hacia él, saliendo de entre los árboles. Parecía indiferente al viento y a la lluvia, y llevaba en la mano la caja que él mismo le había entregado aquella mañana. En sus ojos anidaba un brillo perverso del cual nunca antes había sido consciente.

- No le hagas caso, Dio.- dijo entonces la chica, con urgencia.- Ven conmigo.
- ¿Por qué deberías irte con ella?- preguntó Malium, pensativo.
- ¡No lo escuches!

Dio vaciló. Quería acudir al lado de la joven que lo llamaba de forma desesperada, pero las palabras de Malium habían sembrado la duda en su corazón. ¿Quién era ella, y qué hacía él allí, tan lejos de casa?

- Vuelve conmigo, Dio. Es lo más sensato.- insistió Malium.
- No lo permitiré.- dijo entonces otra voz.

Otra mujer, aunque mucho más mayor, apareció al lado de la muchacha. Sus ojos eran iguales a los de ésta, pero su cabello era gris y aparentaba ser mucho más sabia. Miraba con ira y repulsión a Malium, mientras lo señalaba.

- Márchate de aquí, ser inmundo. No voy a dejar que lo arrastres contigo.
- Esa pulsera de protección no te servirá de nada, bruja.- dijo Malium, con cruel regocijo.- No podrás hacer nada contra mí.

Dio advirtió que Malium ya no parecía un hombre. Su piel pálida se había vuelto gris y sus ojos hundidos ya no parecían humanos. Se asemejaba más a un espectro consumido por el hambre que a una persona.

Alguien le agarró el brazo y el muchacho vio a la chica a su lado, tirando de él. Era lo más hermoso que había visto en su vida.

- Vámonos, Dio.- le rogó ella, y en ese instante él pensó que sería capaz de hacer cualquier cosa que le pidiese.- ¡Tenemos que irnos!
- ¡Dio!- gritó Malium.- ¡Es una bruja, huye!
- ¡Y tú eres un monstruo!- chilló ella, asqueada.

Las palabras de Malium no lo hicieron dudar aquella vez. Dio entrelazó los dedos de su mano con los de la chica y la miró mientras asentía.

- Voy contigo.

Ella esbozó una sonrisa radiante y entonces le cogió la otra mano también. Cerró los ojos y le susurró.

- Quédate a mi lado en todo momento y no me sueltes.

Se oyó un chillo estrangulado, de pura frustración. Malium gritó y se arrojó al suelo, arañando la tierra con sus manos. Al levantar la cabeza de nuevo para mirarlo, había abandonado cualquier parentesco con el hombre amable que Dio había conocido en la ciudad. Ahora parecía un fantasma, un demonio cuyos ojos eran dos pozos negros que brillaban con maldad. Con una carcajada demencial, empezó a manipular la caja de madera, riendo sin parar.

- ¡No!- gritó la otra mujer, corriendo hacia él.

Pero ya era tarde. La caja se abrió y nubes de la oscuridad más absoluta surgieron de su interior y reptaron por el suelo deslizándose hacia ellos. Dio sintió que las manos de la chica temblaban y se aferraban con más fuerza a las suyas, haciéndole daño. Sin embargo, en vez de salir corriendo, se mantuvo inmóvil ante el avance de las sombras.

El muchacho dejó de ver. Un velo negro le cubrió los ojos y se sintió repentinamente indefenso y vulnerable. Las carcajadas perversas de Malium continuaron, peligrosamente cerca de ellos. Dio sintió que algo, viscoso y frío, se enganchaba a sus pies y empezaba a trepar por sus piernas. Quiso moverlas para apartarlas de él, pero estaba paralizado por el miedo. Deseó llamar a la chica, pero se dio cuenta de que no sabía su nombre. Apretó sus dedos, con urgencia.

- Tranquilo.- dijo su voz, calma.- Duma está luchando por nosotros. ¿No la oyes?

El muchacho intentó oír algo, pero lo único que escuchaba era la voz siniestra de Malium, cada vez más cerca, pronunciando su nombre.

- Dio, Dio, Dio, Dio, Dio, Dio, Dio…
- No lo escuches.- repitió ella con firmeza.- Escucha la canción.
- ¿Qué canción?
- La de Duma.

Se esforzó, y finalmente, por debajo de las palabras de Malium pudo oír la voz de una mujer. Era una voz melodiosa y leve, débil al principio y más alta después, que cantaba llena de sentimiento y fuerza. Dio se concentró en dicha voz y poco a poco, las palabras de Malium quedaron ahogadas por la magnificencia de su canto.

- ¡Dio!- aulló Malium, desesperado.- ¡Debes morir! ¡¡Dio!!
- ¿Ves la luz?- susurró la chica.- Está acercándose.

Era cierto. Las tinieblas empezaban a retroceder ante una pequeña luz blanca que se aproximaba a ellos, inundándolo todo con su intensidad inmaculada. Las sombras se apartaron de ellos y la figura encorvada que ahora era Malium se alejó gritando de forma desgarradora, mientras la canción de la mujer llegaba a su clímax y la luz se hacía tan deslumbrante que Dio tuvo que cerrar los ojos para no hacerse daño.

- ¡Duma!- exclamó la chica, triunfal.- ¡La luz, la he encontrado!

Pero nadie le contestó. La mujer seguía cantando, cada vez más lejos.

- ¿Duma?

La canción se volvió triste. Dio no entendía las palabras, pero no le hacía falta para comprender el significado. Era una canción de despedida, y la tristeza que expresaba le encogió el corazón.

- ¡¡Duma!!

La voz se acalló finalmente y todo quedó en silencio. Dio abrió los ojos y lo único que fue capaz de ver frente a él era a la joven que sostenía sus manos con fuerza, y cuyo rostro estaba surcado de lágrimas. Sin pensarlo, alargó una mano y le acarició la pálida mejilla.

- No volverá… ¿verdad?- preguntó en voz baja.
- No.- contestó él, con ternura.
- Me dijo que no debía sentir pena.
- Pues debes hacerle caso.
- Es difícil.
- Lo sé.
- ¿Te quedarás conmigo, Dio?
- Sí. Siempre. Aunque…
- ¿Qué?
- ¿Cómo te llamas?

Ella rió y Dio pensó que aquel era el sonido más maravilloso del mundo.

- Me llamo Inari. Y por cierto…
- ¿Sí?
- Lamento haberte mordido.

5 comentarios:

Anaid* dijo...

El sonido más maravilloso del mundo siempre suele ser una risa.
Sin palabras de verdad, ya sabes cuantísimo me gusta esta historia
:D

Besos grises*

Carlos dijo...

Pobre Duma :'( xD Aunque fuera un poco borde y seca, da penilla. ¿Y qué era exactamente Malium? ¿Un demonio? ¿Un zombie? Sea lo que sea, es genial.
Me ha encantado el final, es claro, conciso y se nota que, por lo menos el argumento principal de la historia, ha terminado.
Y respecto a Phantom Detective, pues sí que es una putada, hay que tener mala suerte para perderlo todo.
Un beso
Carlos

Carlos dijo...

Jajaja
¿Yo, matarle? Nooo, ¿por quién me tomas? (*silbido disimulante*) xD
Y no te preocupes, comprendo que no vivas únicamente para el blog, aunque reconozco que echo de menos tus palabras xD
A ver si dices la verdad y pronto me traes un nuevo capítulo de Regreso al pasado, que la intriga no se me quita con el tiempo xD
Un beso!
Carlos

Carlos dijo...

Jajaja ¿Ves? ¡No soy tan malo! A veces un poco sádico, malvado, retorcido, adicto a matar a los protas... Hummm... Más que un alegato en mi defensa, parece una acusación, ¿no? >.<
En fin, que sepas que aún queda una "secuela" en la que se explica la historia de Lynx, y, ¿quién sabe (excepto yo Muajajá!)?, a lo mejor también acabo por matar a Ángel, o a Vladimir, o a Angie...
Qué malo soy! xD
Un beso
Carlos

Rika dijo...

ohh nadia, me acabo de leer las cuatro partes de la historia.. este es el final?
Muy chula la historia y me encanta la forma que tienes de darle intriga ^-^. Sigue así.
Estoy en la facu muy aburria...
Espero que escribas algo pronto.
saludos.
Rika