domingo, octubre 11

Hacia atrás en el tiempo (6)

Aquí os dejo el siguiente capítulo.
Pido perdón a los que leéis esta historia por no seguirla muy a menudo, pero ya que está basada en cosas que realmente me sucedieron, para escribirla tengo que pensar sobre cosas que en realidad prefiero no recordar.

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Entré completamente aterrada al instituto.
Aún era temprano y sólo los alumnos más madrugadores habían llegado ya. Algunos coches y motos estaban aparcados junto a la entrada y un par de estudiantes, sentados en los escalones del porche, se fumaban un cigarrillo envueltos en el humo del tabaco. Yo pasé junto a la casa del conserje, atisbando a través de los huecos del muro blanco en busca del animal. Sus ojos azules me devolvieron la mirada tranquilamente, y me agaché a su lado al otro lado de la pared. Observé a la preciosa husky que descansaba tumbada en el patio con indolencia.

- Hola.- la saludé en voz baja.- Ya veo que sigues aquí. Aunque... ¿dónde ibas a estar sino? No recuerdo cómo te llamaba él, pero... En fin. No sé qué hago aquí hablándote como si me pudieras entender. Lo mismo sí que estoy volviéndome loca de verdad.

Sacudí la cabeza, me levanté y me asomé por la esquina del muro en dirección a la entrada del instituto. Un escalofrío me estremeció, poniéndome el pelo de punta. Cogí aire, lo solté lentamente... y eché a andar sin pensármelo ni un segundo más.

Saludé al conserje al cruzar la puerta. Intenté recordar su nombre... sin conseguirlo. Estaba casi segura de que empezaba por "h", pero lo único que se me venía a la cabeza era Gerardo. Lo dejé correr y torcí a la derecha, conteniendo la respiración sin darme cuenta. Javi y mis demás amigos solían sentarse en el banco justo detrás de Conserjería, y yo sabía que aquella mañana no era ninguna excepción. Vi la cabeza de Estrella, de Marian y de Conchi... y cómo no, también lo vi a él. Javi parecía estar buscándome con la mirada y en cuanto me localizó se puso de pie de un salto y vino hacia mí casi corriendo. No tuve tiempo de reaccionar y me limité a quedarme muy quieta mientras él me abrazaba estrechamente.

Su olor me golpeó con fuerza, dejándome un tanto mareada. Sentí como si el suelo de repente desapareciera bajo mis pies y probablemente hubiera perdido el equilibrio si Javi no me llega a sostener. Puse ambas manos sobre su pecho y lo aparté un poco.

- ¿Cómo estás?- me preguntó, observándome preocupado.
- Más o menos igual.- respondí, siendo incapaz de mirarlo directamente a los ojos.- No muy bien.
- ¿Quieres sentarte? Te he guardado un sitio.
- Hmm... vale.

Javi me cogió de la mano y me condujo al banco, donde esperaban las demás. Me sonrieron y yo intenté responderles de igual forma, sin demasiado éxito. Me hice un sitio al lado de Conchi, que estaba dibujando algo en el margen de la libreta que tenía abierta sobre las rodillas.

- ¿Qué tal?- me preguntó.- Javi nos ha dicho que estás enferma.
- Bueno... no sé lo que me pasa. Supongo que es un enfriamiento o algo por el estilo. No son raros en esta época.

Javi se sentó de piernas cruzadas a mis pies y abrió su mochila. Sacó un papel doblado y me lo dio. Antes de que me dijera lo que era, yo ya lo sabía. Era bastante predecible.

- Te he escrito una carta.- dijo.- Pero... no la leas ahora. Prefiero que la leas en clase.- añadió, bajando un poco la cabeza.
- De acuerdo.
- También te he hecho un dibujo. Está en la carta.
- Gracias.

Javi me miró fijamente, con extrañeza. Era lógico. Las sucesos no se estaban desarrollando como debieran. Yo me tendría que estar deshaciendo en sonrisas y habría de tener cara de tonta cada vez que lo miraba, estremecida por el delicioso nerviosismo de una primera relación, pero no era así y eso era más que evidente. La excusa de estar enferma no era lo bastante convincente para explicar mi actitud distante y evasiva.
Intenté sonreírle.

- Sólo me encuentro mal, no te preocupes por mí.

¿Por qué narices me estaba justificando? ¿Por qué puñetas estaba intentando que él no se sintiera tan mal?

- Si estás tan mal, ¿por qué no te has quedado en casa?- preguntó.- Te vendría bien descansar.
- No pasa nada, tampoco estoy muriéndome.

El asintió en silencio.
Los veinte minutos restantes que quedaban para el comienzo de las clases se me hicieron eternos. Los pasé en silencio la mayor parte del tiempo, fingiendo prestar atención a la conversación que mantenían las otras chicas sentadas en el mismo banco que yo. Poco antes de que sonara el timbre llegó mi amiga Macarena, que me dedicó una mirada muy significante y poco disimulada al verme junto a Javi.

Cuando dieron las ocho y media y todos los alumnos empezaron a dirigirse a sus clases, me puse en pie. Javi me ayudó a ponerme la mochila en la espalda y me sonrió.

- Nos vemos luego en el recreo.
- Claro. Hasta luego.

Mi mañana pasó demasiado rápida entre clase y clase de antiguas asignaturas. Algunas, como Técnicas Grafico Plásticas y Lengua no eran ningún incordio, pero otras, como Filosofía e Historia, eran un auténtico coñazo. Eran aburridas y feas y el hecho de saber que era algo innecesario, que ya había estudiado en su momento no hizo más que aumentar el sentimiento de aborrecimiento que estaba experimentando. Afortunadamente pude mantenerme distraída del temario gracias al interrogatorio de Macarena, que me acribilló a preguntas sobre Javi en cuando entramos en clase. Contesté de forma vaga y sin demasiado entusiasmo, decepcionándola un tanto.

Leí la carta de Javi. Y al hacerlo me di cuenta de que durante todo el tiempo que había salido con él, me había estado repitiendo las mismas cosas una y otra vez. Cosas que casi con toda seguridad le había dicho a la chica con la que había salido antes de estar conmigo y cosas que sabía que le decía a la chica con la que empezó a salir tras dejarlo nosotros. Las mismas palabras. Las mismas frases que, a pesar de ser bonitas, no dejaban de ser parte de la inercia con la que sentía, vacías y carentes de verdadero significado.

Me decía que yo le gustaba, que me quería. Que quería habérmelo dicho el sábado y que había esperado poder pasar el domingo a mi lado. Y muchas más palabras lindas para adornar y embellecer. ¿Qué es una carta de amor sin palabras de amor, al fin y al cabo? Pero yo sabía que ni siquiera aquella confesión tenía mérito, pues en su momento, cuando Javi me besó por primera vez, reconoció más tarde que sólo lo había hecho porque sabía que él también me gustaba. Por lo tanto ni siquiera había sido valiente en aquel momento. Suspiré. Sabía lo que tenía que hacer: tenía que representar bien mi papel.

3 comentarios:

Anaid* dijo...

No tendría que representar ningún papel, tendría que llorar en el hombre de Javi y decirle todo lo que se le pasa por la cabeza a cada momento o si no... elzar la cabeza y demostrar que ahí esta ella dispuesta a todo y mas.

Besos griseS*

Carlos dijo...

Bueno, parece que nuestra protagonista ha decidido pasar el mal trago a cambio de volver a conocer a toda la gente que, sin esos malos momentos, no habría conocido.
En fin, nos tienes en ascuas, pero entendemos (por lo menos yo) que te cueste pensar en ese tiempo pasado, duele mucho dejar al pasado salir del baúl de los recuerdos.
Nunca dejes de escribir, eres capaz de convertir cualquier historia, hasta las de la vida cotidiana, tan ignoradas, en algo bello e interesante.
Un beso
Carlos

Carlos dijo...

Si te vieses tan buena como eres, perderías esa esencia que hace tus textos tan especiales ;)
Todo lo que hacemos, todos los errores que cometemos, nos llevan a algo, o a alguien, y muchas veces compensa ese dolor a cambio de todas esas alegrías.
Y haces bien en gustarte tal como eres, en tus textos dejas ver que eres una persona de quien sentirse orgullosa ;)
Un beso
Carlos