jueves, julio 11

Migrando

El calor había llegado de repente, acompañado de las golondrinas. Como siempre, la primavera apenas había durado un mes; el tiempo justo para que los agricultores plantaran las semillas de la futura cosecha y para que las mujeres guardaran los sayos y sacaran las camisas sin mangas. En el pueblo, el suelo estaba cubierto por el polvo abrasador del verano y la tierra que los carros procedentes del campo dejaban tras de sí. La mayoría de la gente evitaba pisar la calle desde el medio día hasta el ocaso, pero el viejo Timtiel permanecía el día entero en la Plaza Menor, resguardado del sol bajo su tenderete de lona.
Aunque ya era mayor, Timtiel seguía siendo un hombre recio y fuerte. Tenía la piel tostada y arrugada como el papel, las extremidades nervudas y el rostro adusto. El bigote tieso que tenía debajo de la nariz, sin embargo, lo hacía parecer amable, y todo el mundo sabía que se le daba bien escuchar. Timtiel era el confesor del pueblo, y también vendía empanadas, tortas y dulces.
Siane lo observaba sentada en los escalones de un portal cercano. Por mucho que se encogiera sobre sí misma, los dedos de los pies seguían quedando desprotegidos de la sombra del tejado y la suela de las sandalias le quemaba. En la plaza, los chicos de su escuela habían hecho un corro a su alrededor y le suplicaban comida gratis. El viejo Timtiel se hacía el duro, pero tanto los niños como él sabían que al final les daría un bollo a cada uno. La reticencia a abandonar su refugio la mantenía lejos del tenderete, a pesar de que ella también tenía hambre.
Después de unos minutos de lloriqueos, Timtiel cedió y les obsequió con una torta de maíz y mermelada. Los niños gritaron alborozados y saltaron, dándole las gracias. Uno de ellos, un chiquillo rubio y desgarbado, se acercó al portal para darle una dulce a Siane. Se sentó a su lado una vez que ella lo hubo aceptado y ambos comieron en silencio.

- Mi padre ha dicho que te diga que tú y tu familia estáis invitados a cenar mañana por la noche en mi casa.- dijo el niño, de carrerilla. Como si lo hubiera ensayado varias veces.

Ella asintió. Había varias cosas que Siane sabía sin necesidad de preguntar. Una de ellas era que había cosas que cambiaban a lo largo del tiempo dependiendo de las circunstancias y otra que, por por mucho que cambiara la vida, había cosas que permanecían inmutables pese a todo. El viejo Timtiel siempre era bondadoso con todo el mundo y nunca pedía nada a cambio de un favor. Pero había otras personas cuyo interés era migratorio y se cobraban los favores ritualmente. Siane era demasiado pequeña para intuir lo que sucedía en realidad, pero aún así era consciente de que algunas personas se interesaban por su bienestar y el de su familia a cambio de ella contestara a las preguntas que le hacían. Aquellas voces que escuchaba en su cabeza habían estado ahí desde que ella tenía uso de razón, y a pesar de su tierna edad Siane sabía con certeza que nunca mentían.
Lo que ignoraba por completo era que todas las riquezas que sus padres habían acumulado en el último año eran el pago por el don que ella poseía: la respuesta a cualquier pregunta.

El niño se levantó y se marchó sin despedirse. El resto de chiquillos también se dispersó después de la merienda, pero ella se quedó en los escalones hasta que su padre apareció en la plaza subido al carro. Antes de llegar hasta él se detuvo junto al puesto de Timtiel para darle las gracias. El viejo le contestó con un gesto seco de cabeza y la siguió con la mirada mientras se alejaba, resguardado del sol bajo la lona de su tenderete.

[Imagen por theumbrella]

Siane es uno de los personajes clave de un proyecto que tengo entre manos desde que asistí al curso de novela. Aún no tiene título, pero como es posible que suba algún relato más sobre ella o sobre otro de los personajes, lo etiquetaré con el nombre de We Are Broken (canción que me inspiró la idea). 


3 comentarios:

InfusionDeLotoNegro dijo...

Pues pinta interesante este personaje. Si es el protagonista, y la novela trata su vida, sobre los difícil de tener un don como ese. Bien podría llamarse, “Vida de un oráculo” o algo así. Porque me da que el futuro de la pequeña Siane va estar plagado de personas que la buscaran como a la Sibila en Delfos.

Difícil es cansarse de leerte A, muy difícil…

Anónimo dijo...

Vaya, NERUME, es un RELATO, realmente PRECIOSO. Sigue así, llegarás lejos. Mi ENHORABUENA y un fuerte abrazo. SUERTE. Charo Mochon Ruiz

Shadow dijo...

¡Noooooo! En serio, no me parece de recibo hacerme esto. Ya me tenías enganchado con Iasade, y ahora vienes diciendo que tienes otra novela en marcha y con solo una entrada ya me tienes atrapado. Qué pérfida que eres, así nunca podré dejar de seguirte.
Espero que, por lo menos, de vez en cuando te pases para soltarnos algún adelanto para calmar las ganas de saber más sobre Siane, las voces y... bueno, el resto de la historia, que muy poco nos has revelado ¬¬
¿Has hecho un curso de novela? Qué guay. En Madrid hay muchos, aunque nunca me he atrevido a ir a ninguno. Me conozco, y si no pudiera escribir cuando y como quisiera acabaría aborreciéndolo. Bah, te cortaré las manos, a ti y a todo el que me haga competencia, y listo :D
A mí en Selectividad me ha ido bien, un 13,44 (9,58 en la fase general), ¿y a ti? ¿Vas a poder entrar en Restauración?
Un montón de besos gigantérrimos :)