martes, abril 3

Neo Romanticismo

La mujer apartó finalmente los ojos y depositó en la mesa la carpeta negra que llevaba en la mano, sentándose después en la esquina y volviendo a observarle sin el más leve pestañeo. Daba la sensación de ser una figura de piedra, de que ni siquiera respiraba.

- ¿Debo decirle de qué se le acusa, o lo imagina?
- Proceda, inspectora. No quiero privarla de desempeñar su labor íntegramente.- respondió él, riéndose entre dientes de un chiste secreto que nadie más parecía entender.

La mujer, sin dejar de mirarlo, regresó la carpeta a sus dedos y la abrió.

- Señor Wells, se le acusa de posesión, consumo y tráfico de drogas. Aunque imagino que no es algo que le pille por sorpresa.

Su sonrisa se ensanchó mientras se encogía de hombros con un ademán de modestia.

- ¿Qué puedo decir? Soy un hombre generoso. Me gusta compartir.

La inspectora devolvió la carpeta a la mesa y se sentó frente a él. Se sacó un paquete sin estrenar de tabaco y un mechero, ofreciéndole uno con un gesto.

- Sólo tomo estupefacientes, pero gracias.

Ella se encendió uno y le dio una larga calada, reclinándose. Se cruzó de piernas.

- Sabe, señor Wells... yo no me metí a poli al escuchar la vocacional e irresistible llamada del bien público. Tampoco soy idílicamente amoral en mi elección ya que me pone coger a los malos, pero la razón primordial fue la fascinación que siempre he sentido por la mente criminal, por su psicología. Y eso de los gabinetes me parece de lo más adormecedor.
- No conlleva la misma dosis de adrenalina, lo comprendo perfectamente. Debe ser complicado conseguir estados alterados por vía legal.
- Usted me intriga. Su carrera como traficante comenzó pronto y durante diez años su historial se mantuvo impecable, pero entonces cometió un desliz y lo cogieron. Ha estado en presión veinte años, dirigiendo su fructífero negocio tras los barrotes, y hace tan sólo dos días que salió libre con la condicional. ¿Qué hace tan pronto en comisaría? ¿Nos echaba de menos?
- No, inspectora, la edad todavía no me ha vuelto tan sentimentalista. Pero sí torpe y descuidado. Las drogas pasan factura al cuerpo más pronto que tarde y mi brillantez se ha deslucido un poco. Sin embargo, me haría un gran favor si este error apareciera como un acto de desfachatez soberbia por mi parte.
- ¿Nunca sopesó las consecuencias de darse a la mala vida, señor Wells?
- No me ha hecho falta, mi Pepito Grillo siempre ha estado de acuerdo conmigo. Verá, señorita... no soy ningún inconsciente. Soy un drogadicto y puedo estar tocado del ala, pero eso es porque soy un romántico. Yo debiera haber nacido en el siglo XIX. ¿Sabe cuáles eran las bases del Romanticismo? El inconformismo y la pasión por la aventura. Los románticos se inspiraban en lo exótico, en lo extremo, en lo desconocido, lo irreal, lo surreal, lo paranoico, lo ajeno, en lo terrible, lo sublime, lo sobrenatural, lo mágico e inexplicable. Y se ponían hasta las cejas infinidad de veces. Nuestra sociedad actual está plagada de reorrománticos que están creando una nueva generación. El mundo se acaba, y cada vez más gente recurre a las drogas para vivir sus sueños aunque sea por un tiempo límite, para emocionarse y sentir... algo más. Y como he dicho antes, a mí me gusta compartir.

[Imagen por NegativeFeedback]

2 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Tiene toda la razón en cuanto a los ideales románticos se refiere.
Absolutamente toda.

Me ha encantado esta entrada, de las que más en serio
*_*

InfusionDeLotoNegro dijo...

El concepto romántico de las drogas esta muy bien, hasta que sufres en tus carnes los efectos no tan románticos e inspiradores.
Tu como siempre, llevándonos a donde quieres sin el mas mínimo esfuerzo.
: ) Un placer viajar contigo…