miércoles, agosto 3

IASADE -79-

La sala era un auténtico museo. Sus paredes estaban forradas de vitrinas acristaladas que guardaban pequeñas reliquias de la antigüedad, tesoros rescatados del olvido que a ojos de muchos no eran más que piedras y trozos de metal desgastados por el tiempo. Viejas estatuas de animales mitológicos y héroes de la guerra miraban a los visitantes a través de irises vacíos que lejos de parecer exentos de vida, observaban en silencio y susurraban con voces milenarias. Una puerta abierta daba paso a un porche de madera y a unos escalones que llevaban al jardín exterior, donde Isagi Mio descansaba sentado bajo las ramas de un cerezo.

Los cuarenta y siete años transcurridos en la vida del japonés desde su nacimiento, en vez de hacerle mella en el cuerpo, lo habían revigorizado y hecho más fuerte. Los músculos, que se veían claramente en sus brazos y se adivinaban debajo de la fina camisa de seda que asomaba detrás del corte del kimono, parecían tallados por el mayor genio de la escultura. Su porte era resistente, como la digna pose de un árbol que resiste los intensos vientos de una tormenta, y su mirada inspiraba respeto. Un respeto que se había ganado merecidamente al conseguir dar alma sus obras.
Isagi se levantó sin apartar un segundo sus ojos de ella.

- Son muy escasos los días en los que recibo visitas, pero más extraños son aquellos en los que viene a verme un ser sobrenatural.
- Vaya... Yo siempre he pensado que mi... "estirpe" era discreta e invisible, pero estoy pudiendo comprobar que no en todos sitios es así.
- No depende tanto de la gente sino de las personas con las que se trata. La gente que se dedica al negocio de la corrupción y el terror no huye ante la maldad que emanáis... más bien se siente atraída por ella. Es mutuo, y casi una simbiosis, de no ser por la abismal diferencia entre unos y otros. Al final, los humanos acaban por comprender que vuestro mundo les queda demasiado grande, y se van escarmentados.
- Algo así me insinuó Kinzoku, sí.
- Y sin embargo te ha permitido llegar hasta aquí.
- No le quedaba más remedio.
- Sí... es humano, al fin y al cabo, y aprecia la vida que tiene lo suficiente como para arriesgarla lo menos posible.

Cassia sonrió ligeramente al escuchar aquellas palabras.

- Habla como si no perteneciera a la raza humana.
- A efectos prácticos... apenas lo hago. Vio usted el pájaro de Kinzoku.- afirmó, sin vacilación.- Esa ave y yo tenemos bastante en común... ambos vivimos enjaulados sin poder acceder al mundo que nos rodea excepto en controladas situaciones. De todas formas, no me quejo demasiado. Mi vida la he dedicado al arte de la forja, y aquí puedo ejercerlo sin problemas. No formo parte de nada más aparte de mis creaciones.
- Precisamente por ellas estoy aquí. Necesito que me fabrique una espada y... cuanto antes sea, mejor.

El hombre permaneció mirándola sin decir nada durante lo que a la Nocturna le pareció una eternidad, estudiándola como si fuera una piedra a tallar, un simple material.

- Lo haré.- dijo finalmente.- Tendrá que volver mañana de nuevo para que le tome las medidas pertinentes.
- De acuerdo. ¿Sobre alguna hora en particular?
- Ha dicho que cuanto antes sea, mejor, ¿no?
- Entonces espero que sea bastante madrugador, no me gustaría despertarle con mi llegada. Hasta mañana.
- Adiós.

Fuera de la enorme casa de Mio, Luxor la aguardaba apoyado en el tronco de un árbol y sonriendo divertido.

- Sí, no me equivocaba al pensar que lo tuyo es la diplomacia. Incluso pareces buena persona y todo, es conmovedor.
- Vete a la mierda, gilipollas. A veces es más importante el hecho de conseguir algo que lo bien que te lo pasas mientras lo consigues, y para mí ahora conseguir esa arma es más urgente que lo mucho que podría disfrutar torturando a todos los japoneses de esta asquerosa ciudad.
"Pero claro, tú no lo entiendes... porque lo único que te interesa es la gratificación momentánea. Sin embargo, eso es lo que me ha salvado de ti", añadió para sí misma.
- Sí, sí... pero un trato es un trato. Yo he dejado que te ocupes de tus asuntos a tu manera y tú ahora te vas a divertir conmigo a la mía.
- ¿Y realmente te piensas que tengo alguna objeción?- preguntó Cassia, con una carcajada macabra.- Soy toda tuya... guíame.

3 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Luxor es muy Carpe Diem me parece a mí, muy aprovecha el momento.
Cassia hace bien metiéndose en su juego, eso espero al menos!

Dios, me encanta como escribes, pero ya lo sabes
:D

Carlos dijo...

Igual que a Cassia, no deja de extrañarme la cantidad de personas que parecen saber acerca de los Nocturnos y todo lo que les rodea. No sé, muy mal bicho hay que ser para mezclarse con demonios&co xD
En fin... sé que siempre te lo digo, pero es que es cierto: cuanto más avanza y se complica la trama, más enganchado me tiene, aunque empiezo a echar un poco de menos a Ael (le tengo un cariño especial, qué quieres que le haga).
Un beso enormísimo :D
(Respecto al .pdf de Abbise, supongo que dentro de dos o tres días ya habré terminado la novela y podré subirlo para descargar)

Anaid Sobel dijo...

Tienes un premio esperando en mi blog ;)