sábado, junio 4

IASADE -75-

Kinzoku alimentaba a un bello pájaro de color turquesa encerrado en una jaula de madera, que dejó de trinar en cuanto Cassia entró en el jardín caminando descalza sobre la estrecha tarima que cruzaba el patio de arena blanca de camino al palco central. El cabeza de los Kusari vestía un kimono gris azulado y sandalias con tacos en las suelas, tenía los ojos casi negros y el pelo largo recogido en una trenza sobre el hombro derecho. Estaba solo, sin un sólo guardaespaldas cerca de él. Observó a la Nocturna aproximarse, con ojos entrecerrados y labios firmes, ocultando su intranquilidad bajo una máscara impasible que hubiera engañado a cualquier ser humano. Cassia, sin embargo, pudo detectar muchas más cosas en aquel rostro de rasgos severos, semejantes a los de una águila: entrevistándose con ella a solas, Kinzoku quería disfrazar lo frágil de su situación de fortaleza, y con su inmutabilidad pretendía olvidar sus propios temores. Porque... era perfectamente capaz de oler el miedo que mantenía a raya gracias a su autocontrol.

- Ha asustado usted a mi pájaro, y eso es bastante difícil de conseguir. Ni siquiera me teme a mí.
- El instinto de supervivencia de los animales está más agudizado que el de la especie humana, en la mayoría de los casos.

Kinzoku pasó por alto la amenaza implícita en aquellas palabras y se sentó, indicándole que hiciera lo mismo.

- Normalmente le ofrecería un té, pero no tengo por costumbre servir de mis alimentos a las personas que matan a mis hombres.
- Lo entiendo perfectamente.
- Sin embargo, debo reconocer que Aiso ha hecho bien en acceder a sus peticiones. Aiso, puedes retirarte.

El hombre inclinó respetuosamente la cabeza y se alejó por la tarima. Cassia lo vio marchar con una sonrisa.

- Sí, es un hombre muy perceptivo.
- Lo tengo en muy alta estima.- Kinzoku la miró atentamente, y la Nocturna supo que el yakuza sabía perfectamente qué era ella.- No me gustan los seres como usted, Naita. Debo reconocer que en más de una ocasión he hecho pactos, o me he servido de los intereses de aquellos como usted para sacar mi... negocio adelante, pero el trato siempre resulta más problemático que beneficioso y he aprendido la lección. Su presencia en Anakage no es grata para mí, pero no soy estúpido y sé de qué es capaz. Así que... negociemos rápido, para que pueda desaparecer de aquí lo antes posible.
- ¿No ha pensado en algún momento que podrían ofenderme sus palabras?- preguntó Cassia con una media sonrisa.
- Sé que no lo hacen.
- Muy bien, entonces. Ya sabe lo que quiero: que Isagi Mio me fabrique un arma. Es de necesidad vital para mí.
- ¿No está siendo descuidada al confesarme esa necesidad vital?
- No estamos tratando de igual a igual y eso también debería usted saberlo ya. Si pone obstáculos en mi camino puedo eliminarlos sin pestañear. No puede aprovecharse de mis debilidades.
- Me está diciendo que no me queda otra alternativa más que darle lo que me pide sin condiciones de ningún tipo.
- Exacto. No tengo tiempo que desperdiciar, yo también quiero marcharme de aquí tan pronto como me sea posible.

Kinzoku se acarició el mentón con los dedos, observándola fijamente. A pesar de la despreocupación que mostraba de cara al yakuza, la Nocturna sabía que se estaba arriesgando demasiado; aunque era cierto que el japonés no podía negarse a su petición ni utilizarla a su favor... sí que podía hacerle daño de forma indirecta.
Desde un primer momento, su intención había sido evitar hablar con el jefe de los Kusari, pero la terquedad de sus hombres la había empujado sin pretenderlo a aquella situación. Y ahora Kinzoku era un recipiente de valiosa información al que no podía eliminar tan a la ligera. Satzsa podría leer en él como en un libro abierto.

- Está bien.- aceptó el hombre, asintiendo despacio con la cabeza.- Márchese de aquí, Aiso le dará la dirección de Isagi. Espero que cumpla con su palabra.
- Ha sido un placer. Hasta la vista.

Cassia se levantó con una sonrisa y dio media vuelta para salir del jardín privado. Aiso la esperaba dentro, con un trozo de papel meticulosamente doblado y sellado, que le entregó en mano y en silencio. La Nocturna abandonó la vivienda de los Kusari con la mente ocupada, dándole vueltas a cómo convertir en inaccesible la fuente en la que se había convertido Kinzoku.

Y debido precisamente a aquellas cavilaciones, el intruso la pilló desprevenida.

2 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Que ?¿
Han pillado a mi Cassia desprevenida¿?
Quién¿? Y cómo?¿
Diosss!!
Pero que bien escribes, señorita, estoy ávida de esta historia!!

Maria H. Sanchez dijo...

buen texto...pero tengo que seguir leyendo para enterarme un poquito más, asi que antes de despedirme te invito a mi baúl, por si quieres compartir algún sueño con todos los amigos de Coquette. Te espero!
Hasta pronto ^^