domingo, mayo 29

Cenit

Tenía miedo de subir, de llegar hasta arriba del todo para descubrir que a pesar del esfuerzo malgastado, el mundo no terminaba más allá del horizonte. Y eso era peor. Casi hubiera preferido que se tratase de una prueba "live or die", más sencilla de resolver, que darme cuenta de que por mucho daño que me hiciera al caer no me quedaría más remedio que levantarme y seguir mi camino. Casi.

Me aterraba abrir los ojos a una verdad que tenía bastantes posibilidades de tocarme en esta lotería que es la vida: que después del enorme trabajo empleado en la construcción de estas alas de cera, era inevitable que se derritieran al pasar junto al sol que era el principal obstáculo en mi trayectoria a la felicidad.
Pensaba que una vez en la cima sólo podría medir los kilómetros de caída libre hasta el suelo, pero me equivocaba de todas todas. Aferrada al borde del precipicio con los dedos de mis pies descalzos, únicamente pude quedarme admirando sin aliento lo hermosas que eran las vistas desde tan alto.

Daba igual lo que sucediera después. Por sentir aquella plenitud de espíritu... había merecido la pena subir.

2 comentarios:

jag. dijo...

Sólo con la intención de subir adelantamos un pie para caminar hacia la plenitud. Con la conciencia de que el miedo lo hemos dejado atrás, abajo, con sus pies en la tierra, completamos el primer paso hacia esa plenitud.

Adelante.

Juan Antonio dijo...

El conocimiento como camino iniciático?

Impactante esa ascensión.

Saludos.