lunes, marzo 28

IASADE -68-

El alma blanca apretó los dientes, con el rostro desfigurado por la ira más auténtica que Cassia había visto jamás en un perteneciente al mundo de la luz. Se aproximó a ella, sujetando la espada a pocos centímetros de su pecho.

- Me llamo Mikäh, y soy un ángel de la guarda. No soy un verdadero Ángel, pero esa es mi función y a ello se deben las alas. Fíjate bien en mí, porque voy a ser yo quien acabe contigo de una vez. No permitiré que le hagas daño.

El alma blanca apoyó la punta del arma bajo su cuello, sobre la piel desnuda, haciéndole sentir una dolorosa quemazón que le arrancó un grito... y también un par de lágrimas, una por cada ojo. Aunque las lágrimas no tenían nada que ver con el dolor. De hecho, Cassia no tenía ni idea de dónde habían salido. Por un instante, y por primer momento desde su despertar como alma negra, dejó de ser una Nocturna. Por unos segundos, dejó de sentir odio, recordó cómo era tener un corazón vivo latiendo en su interior y rememoró los cientos de emociones humanas... emociones que la ahogaron, entremezcladas unas con otras, confundidas en un todo estremecedor.

- Jamás podría olvidarte.- dijo, sin saber muy bien porqué.- Y tampoco querría, aunque deje de existir para siempre.

Mikäh aflojó la presión de la espada y la quemazón disminuyó, al mismo tiempo que en sus ojos pardos aparecía una expresión de total y absoluta incomprensión y sus pies retrocedían un paso. Cassia, allí plantada, tampoco supo cómo reaccionar. Los dos se miraron fijamente sin decir nada durante lo que pareció una eternidad.

Un ligero aroma almizcleño se mezcló con el perfume salobre del aire, alertándola, haciendo que todos los músculos de su cuerpo se pusieran en tensión. El alma blanca lo notó, y apretó los nudillos en torno a la empuñadura de la espada.

- Es ella. ¡Vete!
- ¿Ella, quién?
- Mi Diablesa. ¡Joder, vete de aquí antes de que llegue!
- ¿Por qué...?
- ¡Yo qué sé! ¡Lárgate!

Mikäh le dedicó una última mirada atónita y agitó sus alas mecánicas para marcharse volando de allí. Cuando el alma blanca se perdió entre la oscuridad de la noche, Cassia recordó que se había llevado su cimitarra.

1 comentario:

Carlos dijo...

¿Los ángeles de la guarda no tienen alas propias? O_O
Pero eso no vale, con lo que molan y lo buenos que son... Por lo menos les dejan unas alas postizas, que algo es algo.
¿Qué ha sido eso de "Jamás podré olvidarte"? ¿Qué estará pasando con Cassia, y por qué demonios está tan interesada en Amiss? Esto ya no parece odio, esto ya es parte de la historia sí o sí.
Un beso :)