domingo, febrero 27

IASADE -65-

- ¿Dónde estabas?

Fue lo primero que preguntó Satzsa al aparecer a su lado sin previo aviso.
Aquella noche el faro de la Torre de Hércules no se había encendido y Cassia había aprovechado la oscuridad para refugiarse en lo alto de la construcción, que no estaba siendo acosada por el habitual grupo de turistas que como polillas acudían a la luz que emitía normalmente. La Diablesa no había tardado demasiado en encontrarla, pero la Nocturna había tenido tiempo suficiente para tomar una decisión.

- Fui a buscar al Ángel al puerto, pero antes de que llegar... me encontró y me atacó.
- ¿Y? Veo que estás entera.
- Huyó. Estuvo a punto... de borrarme del mapa. Pero no lo hizo, no sé porqué. Dudó. Y entonces conseguí herirle.
- ¿Herirle...?- susurró Satzsa.
- Sí, tengo su sangre. Después de eso escapó.

Los Ángeles, al igual que el resto de seres inmortales y almas blancas o condenados, no tenían órganos vitales. No tenían corazón, y por tanto tampoco tenía sangre. Sangre humana... al menos. Tantos los palomos como los Diablos poseían cierta esencial vital que los hacía superiores a los demás, que los convertía en lo que eran y los diferenciaba del resto de almas. Y esa esencia era extremadamente valiosa y difícil de conseguir, ya que no se obtenía al matar a uno de ellos, sino únicamente al herirle... cosa que no era nada fácil. Cassia sonrió, y señaló la vaina de su cimitarra.

- Creo que los Poderosos estarán más que satisfechos con esto, incluso aunque no haya podido destruir al Ángel. ¿No crees?

Era una pregunta que no esperaba respuesta, porque Cassia sabía que tenía razón y no necesitaba que la Diablesa se lo confirmara. Sin embargo, tal y como sospechaba... Satzsa no parecía demasiado alegre con su éxito y apenas logró disimular un fruncimiento de cejas.

- Seguramente así sea. Pero es extraño.
- ¿El qué?
- Que dudara, cuando te tenía a su merced.
- Tú misma dices siempre que los Ángeles tienen el cerebro podrido por tanta bondad y compasión.
- Sí... es cierto. Aunque precisamente Ael no es que tenga muy en alza tales características. ¡En fin...! Te has lucido, pequeña. Los Poderosos estarán muy contentos contigo, ya has superado la prueba. Dame la cimitarra, me encargaré personalmente de hacerles llegar el botín.
- Prefiero hacerlo yo misma, sino te importa.- dijo Cassia, despreocupadamente y sacudiendo la cabeza negativamente.- Quiero recibir los honores en persona. Y tampoco me gusta ceder mi arma, ya lo sabes. Le tengo mucho cariño.

La sonrisa deslumbrante que le dedicó la Diablesa la delató por completo, pero la Nocturna tuvo mucho cuidado de no dejar traslucir ningún pensamiento o emoción.

- Por supuesto, pequeña.

3 comentarios:

Carlos dijo...

Hum... Parece que empieza a haber problemas en la dinámica de grupo Nocturna-Diablesa... Me sigo preguntando por qué Ael no la mató, que vería en ella que le detuvo.
Y bueno, cambiando de tema, ¿qué tal por los Madriles? ¿Lo habéis pasado bien? ¿Estuvo bien ARCO (era así, ¿no?)?
En fin... un beso enorme, y siento no haberte comentado desde hace tanto :)

bixitoluminoso dijo...

Veo que la novela esta mucho mas avanzada y en un punto muy muy intersante...

Me llamo mucho la atención la parte del dialogo de la batalla con el Angel...

Carlos dijo...

Vaya, vaya, vaya. Me regalo unas vacaciones y... Y tú también xD Nah, es broma, supongo que estás hasta arriba con los exámenes, y que ya continuarás Iasade cuando vuelvas (o cuando tengas ganas, que esa es otra). Que conste que se te echa de menos, que yo ya me había preparado para leer un par de años de novela :)
Un beso enormísimo