martes, noviembre 30

Beber con los ojos

Al cruzar la plaza en dirección a la galería, que se erigía como un templo donde refugiarse del frío y la lluvia, supe que habría obviado su presencia de no ser por el propósito específico que me requería allí y que me había hecho salir de casa un tanto a regañadientes.
Casi pegué la cara al cristal al mirar a través, con el pelo mojado goteándome sobre la nariz y las manos heladas, preguntándome cómo podía haberme pasado desapercibida hasta entonces. Se me antojaba mágicamente salida de la nada, como si se hubiera hecho un hueco a la fuerza entre pared y pared. Me aparté cuando el vaho empezó a proyectarse sobre el acristalamiento, al mismo tiempo que una chica y un chico que estaban a la puerta de la galería charlando me miraban disimuladamente y volvían al interior.
Movida por una curiosidad mucho mayor que la que había acompañado a la obligación que me había empujado a la calle, entré aflojándome un poco el nudo de la palestina alrededor del cuello, sonriendo levemente y saludando en voz baja a los encargados de la exposición.
Las obras eran llamativas, extrañas… pero sobre todo, inesperadas. Supuse que se trataría de cuadros varios, pintados posiblemente a témpera, óleo o acuarela, de estilo abstracto, pero me equivocaba; tras un primer vistazo general, me pareció una exposición más propia de la asignatura de Escultura que de Pintura.
Parecían ventanas a otros mundos, completamente distintas entre sí a pesar de levantarse sobre el mismo material: chapas de botellas. ¡Chapas de botellas! No eran más que eso y sin embargo allí estaban, ondulándose y retorciéndose ante mis ojos como si no fueran otra cosa que papel, agrupándose en sabias formaciones de colores vivos, adoptando la personalidad de otras dimensiones con una destreza camaleónica.
“¿Quién llegaría a estar tan sumamente aburrido como para idear todo esto?”, fue el pensamiento fugaz que me cruzó la mente al maravillarme con el minucioso trabajo y dedicación que había llevado a aquella simple chapa de botella a convertirse en arte, en un arte atractivo y sugeridor. Segundos después dejé de preguntármelo para, simplemente, alegrarme de que aquel proceso de transmutación hubiera dado frutos tan interesantes como aquellos.
Viajé a la época bizantina para contemplar uno de sus famosos mosaicos construidos con teselas, piedras preciosas de colores brillantes que reflejaban la propia luz y la convertían en himnos y salmos ofrecidos a la inalcanzable divinidad de la Inspiración, con trazados geométricos de naturaleza matemática.
Me encontré ante un complejo e incomprensible panel eléctrico rescatado de los restos mortales de una nave espacial ya anticuada a la que le había fallado el generador de alimentación celular, robándole la vida y reduciéndola a poco más que chatarra.
Junto a él había un hermoso tapiz de hilo metálico, tejido a mano por hilanderas míticas de otra época condenadas por olvidados dioses caprichosos e irascibles que envidiaban a los humanos mortales.
Me perdí en las laberínticas entrañas de una espiral sin principio ni final, como una serpiente que intenta devorarse a sí misma mordiéndose su propia cola, haciéndose poesía y encarnando el principio metafórico de que la materia ni se crea ni se destruye, tan sólo se mueve y cambia constantemente.
Y para terminar… volví al presente a través de un agujero negro, o tal vez un agujero de gusano, donde el espacio se estiraba y condensaba pixelando su estructura para escupirme a través de un embudo hacia la fría realidad en la que la lluvia seguía repiqueteando incansablemente sobre el suelo, creando música sobre la superficie de la fuente frente a la galería.

Galería Sandunga. Exposición "Beber con los ojos" de Alejandro Gorafe.

3 comentarios:

Anaid Sobel dijo...

Eres increible y magistralmente MARAVILLOSA, de verad, ha sido escepcional.


Me encantas y sabes que es así.

InfusionDeLotoNegro dijo...

Ese paseo y esas descripciones hercúleas que haces, me han traído de nuevo a mis ojos un leve aroma a cuando leía a H.P.Lovecraft y sus descripciones detalladas de estructuras arquitectónicamente imposibles.

Cuanta belleza se respira por aquí…

(Me quedo un ratito, leyendo las anteriores, que a este paso no te sigo el ritmo)

Carlos dijo...

Vaya, menuda descripción que nos has dejado. Se nota que te ha gustado la exposición ^^
A mí, honestamente, el arte moderno no me llama la atención. Puede ser más o menos bonito, pero... No sé, será que soy un anticuado, pero me causa mayor admiración el Hiperrealismo, el Gótico, el Barroco...
Un besazo :D