martes, julio 6

IASADE -27-

¿Qué hacía aquella maldita luciérnaga en Nueva York?

Cassia no tenía ni idea, pero desde luego su día de suerte ya no podía ir a mejor. Por un momento se le ocurrió llamar a Satzsa… pero alertada por un inexplicable impulso decidió no hacerlo. No tenía ningún motivo con fundamento para sospechar de la Diablesa, pero algo le decía que era mejor que no se enterara… de momento.

La siguió a una distancia prudencial, escondiéndose para no ser vista y pensando que seguramente su extrema cautela ni siquiera era necesaria; aquella torpe no se daría cuenta de que estaba detrás suya ni aunque la persiguiera abiertamente. El Ángel ya no estaba con ella, pero eso no quería decir que estuviese completamente sola. Si andaba en busca de un nuevo usuario era lógico que aquella paloma no la acompañara. La luciérnaga parecía feliz. Se detenía a observarlo todo, se entretenía admirando las vistas que ofrecían los altos tejados de los rascacielos y se divertía como lo haría una niña pequeña en un parque de atracciones gigante. Cassia sintió un odio repentino y aguijoneante que le quemó las entrañas al pensar que mientras ella tenía que soportar el doloroso estigma de los malditos, aquella alma blancucha existía sin preocupación alguna.

Nunca se había sentido inferior con respecto a los tocados por la luz… hasta aquel momento.

Se detuvo en la cornisa de piedra de un edificio de estilo clásico y la estudió con atención. La chica se había subido a lo alto de un poste metálico donde ondeaba la enorme bandera de los Estados Unidos y se había demorado contando las estrellas bordadas sobre la tela. Cassia acarició tiernamente la vaina de su cimitarra y la empuñadura de ésta, reconfortada por la calidez de su tacto. Sabía que tardaría menos de un abrir y cerrar de ojos en correr sin hacer ningún ruido hasta ella, colocarse de espaldas y atravesarla con el arma. Bueno, no… mejor cara a cara, para poder mirarla a los ojos mientras la hacía desaparecer para siempre. Sería más fácil que quitarle un caramelo a un niño.

Y si era así, ¿por qué no lo hacía ya?

Desenvainó el arma, pero no se movió. Paralizada no pudo más que mirar cómo después de haber contado todas las estrellas, la luciérnaga echaba a volar de nuevo, haciendo equilibrismo sobre el tendido eléctrico. Se quedó colgando de los cables durante unos segundos antes de dejarse caer sobre el capó de uno de los miles de coches detenidos en los exasperantes atascos de la hora punta en Nueva York, cuyos conductores maldecían y pitaban enfurecidos. Aquel hervidero de sentimientos negativos que siempre hacía que Cassia se sintiera bien ni siquiera alivió su ira en ese momento, al ver alejarse al alma blanca del núcleo de la ciudad, en dirección a los barrios residenciales. Apretó los dientes con fuerza, envainó la cimitarra y la siguió saltando de vehículo en vehículo.

En un cruce de avenidas la perdió de vista, debido a varios motivos. Una colisión entre automóviles donde un motorista se vio catapultado en el aire para acabar destrozado en el suelo cinco metros por delante la distrajo, igual que el delicioso olor de la sangre distrae a un depredador haciéndole la boca agua. Al mismo tiempo Satzsa hizo su aparición detrás de ella, agarrándola del brazo.

- Tengo noticias.
- Ya sé que está aquí.- la Diablesa sólo parpadeó, sin dar muestras de sorpresa.- Pero acabo de perderla.
- Su perfume a pureza y a limpio es inconfundible.- observó, frunciendo la nariz.- No te costará mucho volver a encontrarla.
- Lo sé.- sonrió Cassia.

1 comentario:

Carlos dijo...

Jo. ¿Y nos dejas con la intriga, sin explicarnos qué hace Amiss en Nueva York? Vas a acabar con mi paciencia T_T
Y me pregunto por qué será que Cassia no mata a Amiss. No es que me apetezca, pero me intriga las razones que tiene la Nocturna.

Respecto al Fantasma de la Ópera, está en mi lista de lecturas desde hace mucho. Pero antes tengo Guerra y Paz, Orgullo y Prejuicio, La vida es sueño... Suerte que tengo un largo verano por delante ^^

Un beso enorme