martes, mayo 4

IASADE -1-

Incluso desde antes de que pronunciaran su nombre en voz alta, despertando un débil eco en las paredes curvas de la estancia, Amiss sabía que aquello era una equivocación. Un error, un fallo del sistema. Un desliz, una negligencia que podía acarrear graves consecuencias. Con un mal presentimiento haciéndole un nudo en el estómago, avanzó un paso y se adelantó hacia el estrado.

La luz grisácea que entraba a través de la pálida claraboya de cristal se derramaba de forma cenital sobre la alargada mesa de mármol blanco, un imán que atraía focalmente al resplandor e impedía que llegara a las cinco esquinas de la sala, donde las sombras, agazapadas y hambrientas, acechaban a la luminosidad de la estancia. En torno a la mesa, cinco individuos permanecían de pie. Las arrugas de sus largas capas color polvo se superponían unas sobre otras en una cascada de pliegues que tocaban el suelo, mientras que sus rostros misteriosos se mantenían aún en el enigma gracias al cobijo que les proporcionaba la oscuridad que anidaba en sus capuchas, apenas rozadas por la luz.

Amiss se detuvo frente a la mesa. Pensó que de haber estado vivo su corazón, el escandaloso sonido del bombear de la sangre le martillearía ahora las sienes de forma frenética, acumulando el rubor en sus mejillas y tiñéndolas de un rojo delatador de vergüenza y nerviosismo. Las cinco voces al unísono, entretejidas en una sola que parecía proceder desde lo alto de la claraboya, repitió su nombre una vez más.

- Amiss.
- Yo respondo a ese nombre.
- Tu lugar será Ilusiones, Aspiraciones, Sueños, Ambiciones, Deseos y Esperanzas.

Sabía que debía acatar la orden sin rechistar. Pero... también sabía que no era una buena elección. Ni siquiera entendía porqué la habían elegido para aquella tarea.

- No es mi intención ofenderos, en absoluto... Pero... No creo que sea la más indicada para ocupar ese puesto.- calló abruptamente, con una inspiración, a la espera de una reprimenda por sus osadas palabras que no llegó. El silencio la puso aún más nerviosa y se sintió obligada a continuar.- Soy... descuidada. Mucho. Y torpe... soy un desastre. Sé que los elementos que se manipulan son muy delicados y frágiles...
- Irás a Ilusiones, Aspiraciones, Sueños, Ambiciones, Deseos y Esperanzas.
- Muy bien.- aceptó, suspirando con resignación.- Así lo haré.

***

En sus primeros días de penitencia, Amiss demostró su inaptitud para el trabajo que se le había encomendado. Todos ellos eran mucho más frágiles de lo que se había temido. Algunos eran peligrosamente quebradizos, otros tan finos que eran casi transparentes y parecían a punto de deshilacharse en cualquier momento. Otros eran casi inaccesibles y otros resbaladizos, por lo que Amiss era prácticamente incapaz de retenerlos más de un segundo entre sus dedos. Los más débiles eran las Ilusiones; le daba la sensación de que si las miraba fijamente desaparecerían delante de sus propios ojos. Las seguían muy de cerca las Aspiraciones, justo por delante de los Sueños. Las Ambiciones eran más fuertes y estaban dotadas de cierta determinación y los Deseos eran todavía más persistentes. Pero las más acérrimas, las más decididas a no extinguirse eran las Esperanzas. Incluso aún cuando sus usuarios pretendían negarlas, ellas se aferraban con uñas y dientes para resistir la fuerte embestida de la cruel realidad.

Tras el primer ciclo, Amiss ya había rasgado varias Ilusiones, dejado caer varios Sueños, había dejado escapar un par de Ambiciones y Deseos y extraviado una Esperanza. Era capaz de sentir los ojos furiosos de sus compañeros clavados en la nuca, vigilándola en todo momento, prestos para acercarse a enmendar cualquier error y listos para intentar prevenir cualquier catástrofe. La inseguridad y el miedo a hacer algo mal hacían que sus manos temblaran aún más y entorpecía el movimiento de sus dedos, que se suponía que debía ser fluido, firme y eficaz. Ella nunca había sido fluida, firme ni eficaz... ni siquiera estando viva. Desconocía las razones que habían llevado a los Sabios a colocarla allí y sin duda, el resto de almas con las que trabajaba pensaba exactamente lo mismo. Deseó que expresaran sus quejas y dudas de alguna forma, pero sabía que era algo muy poco probable. Las órdenes de los Sabios eran incuestionables e invariables.

Aún así, era una tarea hermosa de desempeñar y Amiss la hubiera disfrutado enormemente de haber sido algo más habilidosa y sutil. A menudo no podía evitar quedarse absorta intentando desentrañar los misterios de un Deseo, admirando una Esperanza y esforzándose por comprender el porqué de la sólida confianza que los seres humanos depositaban en algo que nada ni nadie puede garantizar, o simplemente ensimismada en la contemplación de algún bonito Sueño o de una Aspiración, a punto de explotar como una pompa de jabón. Las posibilidades de que realmente sucedieran aquellas cosas que los usuarios anhelaban eran siempre, en algún momento de sus vidas, totalmente plenas. Pero esa plenitud era efímera y vulnerable, y tras brillar un instante con luz cegadora, se apagaba como una llama a merced de un soplido. Eran muy pocas las ocasiones en las que llegaban a hacerse realidad. ¿Por qué se le había asignado a alguien como ella el tratar con elementos tan valiosos como aquellos?

Durante su cuarto ciclo, mientras manipulaba y alimentaba, con toda la delicadeza que era capaz, una Ambición en fase de crecimiento, alguien carraspeó a su espalda para llamar su atención. Debido al sobresalto estuvo a punto de dejarla caer, pero en una milagrosa demostración de inesperada agilidad, logró impedirlo. Amiss se giró, curiosa. Normalmente nadie le dirigía la palabra excepto para pedirle algún instrumento o darle alguna orden, y por ello se sorprendió de ver a su superior observándola con desconfianza y en silencio.

- ¿Sí?- preguntó, preguntándose qué habría hecho mal aquella vez.
- Los Sabios quieren verte.
- ¿Me van a trasladar?- inquirió, esperanzada.
- No.- respondió él, frunciendo el ceño.- Te van a conceder un ascenso.

1 comentario:

Carlos dijo...

O_O
Jo-der, a esto lo llamo yo volver con ganas. Por todos los santos, creo que no me había enganchado a nada tan rápido. Espero que no tardes demasiado en subir la continuación.
Ilusiones, Aspiraciones, Sueños, Ambiciones, Deseos y Esperanzas como cosas reales, aunque tan frágiles como todos las imaginamos... ¿Un ascenso? Bueno, peor que andar en su sitio rompiendo y perdiendo cosas no puede estar, ¿no? xD
Respecto a Abbise... Menudo atracón te vas a meter si realmente lo intentas leer en una semana...
Un besazo