viernes, marzo 19

Nueva Nadia: Capítulo 12, parte 2

El ruido de cazos y el delicioso olor a salchichas y pan tostado la arrancó del sueño con un brusco tirón. Giró entre las mantas, se desperezó con un quejido ahogado y se sentó, luchando por vencer a la somnolencia que le cerraba los párpados en contra de su voluntad. Estaba sola y las camas de las demás permanecían ya dobladas y apiladas en una esquina de la tienda. Desde fuera, aparte del crepitar del fuego, se oía a alguien cantar una canción. Bostezó, se estiró una vez más, y extendió un brazo para coger la ropa y vestirse.

Junto a la hoguera chisporroteante era Mielle, con el largo cabello castaño y rizado recogido en una alta coleta, la que cocinaba el desayuno mientras canturreaba entre dientes. A su lado, Iluna y Garue daban buena cuenta de varias salchichas, lonchas de panceta y pan, mientras charlaban con un extraño buen humor muy poco habitual en ellos. Nadia se acercó y se sentó cerca del fuego, sobre una piedra un tanto incómoda para su trasero. Buscó a Aldren con la mirada, pero no lo encontró. Las demás tiendas estaban ya recogidas y empaquetadas. Mielle se dio la vuelta y le tendió un plato con salchichas, panceta y un cuenco de gachas de avena.

- ¡Buenos días!
- Buenos días. ¿Y Aldren?
- Ha ido a la ciudad para conseguirnos unos caballos.- respondió Garue, sin dejar de masticar.
- ¿Caballos?
- Tardaríamos bastante si fuéramos a pie. El camino es duro, el lago está en un valle en lo alto del monte.- explicó Iluna.- Y tener caballos siempre es útil, tanto para viajar como para transportar las provisiones.
- El único inconveniente es que Aldren ne destaca precisamente por su habilidad como regateador.- comentó Mielle, despreocupadamente.- Seguramente pagará más por ellos de lo que en realidad valgan.

Garue levantó la mirada con un gemido estrangulado.

Aldren regresó cuando habían terminado de levantar el campamento y apagado la fogata. El muchacho, que sudaba y resoplaba continuamente, llevaba consigo cinco caballos inquietos.

- Menudo camino me han dado.- se quejó, con un bufido, soltándolos.

Garue lo miró con disimulo.

- ¿Y el dinero que ha sobrado?

Aldren sacó la bolsa de cuero y se la lanzó al rastreador, quien tras cogerla al vuelo y mirar en el interior, se alejó maldiciendo entre dientes. Nadia se acercó a Iluna, que cargaba las provisiones y las tiendas sobre los animales, y los examinó a cada uno con atención.

- Yo quiero ese.- dijo al fin, señalando a uno de un precioso color canela.
- Está bien.- sonrió la ninpou.- Pero no te encariñes demasiado con él, ¿vale? No es una mascota.

Una vez que estuvieron listos se pusieron en marcha y salieron del bosquecillo por un sendero de leñadores que los rastreadores habían descubierto la noche anterior. Éste desembocaba en lo alto de una colina cubierta por una extensa alfombra de hierba que comenzaba a verdear, bajo un cielo a franjas azules y blancas. La brisa traía consigo el olor a primavera como una señal de buenos presagios.

- ¿Qué camino deberíamos seguir para llegar al valle lo antes posible?- preguntó Iluna, para sí misma.
- ¿No deberíamos seguir el río?- sugirió Mielle.- El Synn sale del lago.
- Cierto.- asintió Iluna.- Resulta útil tenerte cerca, Mielle.

La joven sonrió ampliamente y fue la primera en espolear su caballo ladera abajo.

1 comentario:

Carlos dijo...

Salchichas, pan, panceta... Anda que no se permiten buenos desayunos los tipos estos xD Pobre Aldren, que le han timado y ni se dio cuenta... Aunque el que pierde la pasta es Garue xD
Ay... Esto cada vez se vuelve más interesante, a ver cómo sigues con esto ^^
Un beso!