lunes, marzo 8

Mundo viejo

[Imagen por dreamworm]

¿Qué fue de aquel mundo?
De aquel mundo lleno de gigantescos árboles verdes cuyas ramas y hojas acariciaban las nubes que viajaban a través de un cielo azul y puro, limpio y cambiante, infinito y nuestro.
De aquel mundo al que un hermoso sol daba calor, posibilitando la vida, alentándolo con su tibia cercanía. Cuyo cielo estaba cuajado de aves y estrellas, cuya tierra y mar estaba plagada de seres vivos y cuyo aire dulce y sano los alimentaba a todos.
Escuché una vez a alguien decir...
Que hace incontables años... tantos años que incluso me resulta difícil creer que el tiempo sea tan viejo...
Las personas tenían fe y soñaban.
¿Fe? ¿Sueños?
Esas fueron mis preguntas, pues eran dos términos completamente desconocidos para mí.
La fe es una virtud del ser humano, gracias a la cuál se puede creer en algo cuya existencia real no puede ser comprobada de ninguna forma. La posibilidad de confiar en lo intangible e invisible de forma absoluta.
Soñar es una capacidad a través de la cual, mientras uno duerme, puede ver cosas irreales. Escenas, imágenes, como las de una película que jamás se ha grabado. Recuerdos de sucesos que nunca han sucedido y de naturaleza tan imposible que probablemente jamás podrán realizarse. Personas a las que nunca conocerás, lugares que no llegarás a visitar. Mundos que no existirán.
Mi perplejidad se hizo más que evidente cuando me quedé con la boca tan abierta como mis ojos, de par en par.
Esos conceptos me sonaban a burdas leyendas y mitos oxidados, deshechados por la humanidad. Yo nunca había experimentado la fe ni los sueños, ni conocía a nadie que lo hubiera hecho.
Se me antojaban los síntomas de una rara enfermedad incurable.
"Tal vez fuera una enfermedad, pero desde luego las personas, por aquel entonces, eran mucho más felices."
Reflexioné sobre aquello y al rato decidí que si existiera una enfermedad que hiciera a la gente más feliz, a mí no me importaría padecerla.
¿Qué fue de aquel mundo...?
¿Es posible que aún se pueda viajar a él?

2 comentarios:

Carlos dijo...

Ay, qué triste sería un mundo sin sueños ni esperanzas. Y aunque a veces pensemos en ambos como una enfermedad que nos hace daño.
Y respecto al final de la historia de Amy y Connor, es precioso, pero no esperaba que Amy fuese quien iba a recibir el balazo. Pero de todas formas me encanta =)
Un besazo

daniel dijo...

No dispongo de ese tiempo para poder soñar, practicar mi fe... tengo otras prioridades.
Las prioridades que me dicta esta sociedad que me dice como debo pensar, decir, actuar y comprar.
Pero aún así tengo a una chica que me quiere, una familia y amigos envidiables, una vida llena de desafios y curiosidades... no puedo pedir más.
Puede que sea falsa felicidad pero no conozco otra cosa.

Sigue así, jovenzuela!