martes, febrero 16

Nueva Nadia: Capítulo 10, parte 3

El camarote de D'airos estaba compuesto por una alargada sala y su propio dormitorio. La salita tenía dos ventanas que dejaban entrar la luz y un par de lámparas que colgaban del techo. En mitad de la estancia había colocado una mesa cubierta por un elegante mantel de puntilla blanca sobre el que brillaba la vajilla y cubertería limpias, rodeada de altas sillas de respaldo acolchado. El desayuno, más que aceptable, les dejó poco tiempo para dedicarse a la charla. D'airos, interesado y cortés, les hizo algunas preguntas personales que ellos contestaron con precisión gracias a la historia previa que Nadia había inventado acorde con sus falsas identidades.

Una vez que los platos fueron retirados de la mesa y D'airos contaba con una jarra de cerveza entre sus manos, el capitán se arrellanó en su silla con gesto satisfecho.

- Muy bien, mis queridos tripulantes... ahora que estamos en alta mar, ¿a dónde queréis ir exactamente?
- A Emmal.- contestó Mielle.
- ¿Es allí donde viven vuestros parientes?
- Sí.
- Es una buena ciudad, próspera y segura. ¿Habéis estado antes en Vass?
- No.
- Es un bonito lugar, aunque bastante frío en invierno.
- ¿Cuánto tardaremos en llegar?- preguntó Nadia.
- Veamos...- D'airos elevó la mirada al techo, calculando mentalmente.- El viento sopla a nuestro favor, así que llegar a los arrecifes nos llevará unos cuatro días, aproximadamente. Tendremos que sortearlos lentamente y con cuidado, por lo que supongo que tardaremos una semana en llegar a Emmal.
- Es mucho.- suspiró Nadia.- Pero peor hubiera sido no poder ni siquiera llegar. Os estoy muy agradecida, capitán.
- Lamento no poder hacer más, mi querida Alira.- se lamentó D'airos.

Se despidieron de D'airos y regresaron de nuevo a su habitación en las entrañas del barco, donde Iluna y Garue se lanzaron con voracidad sobre toda la comida que Nadia, Mielle y Aldren habían escondido entre sus ropas sin que el capitán se percatase. Nadia suspiró y se sentó en su cama, contemplando a los animales.

- El capitán D'airos es un buen hombre.- comentó Mielle.- Me da pena engañarlo así.
- Y a mí, pero no tenemos elección.- dijo Nadia.- ¿Has elegido Emmal por algún motivo en particular o ha sido la primera ciudad que se te ha venido a la cabeza?
- No. Emmal está cerca del Lago Espejo. Es un buen lugar donde desembarcar.

Aldren se tumbó en el camastro de la derecha y apoyó la cabeza sobre sus brazos cruzados detrás del cuello. Sonreía.

- Me gustan los barcos y el mar.
- ¿Ah, sí?- preguntó Nadia, girándose para mirarlo.
- Sí... es parecido a... volar.
- ¿Y cuándo has volado tú?- inquirió ella, enarcando las cejas.
- Nunca. Pero imagino que debe ser parecido. ¿Tú no? Por cierto... me pido esta cama.

***

El viaje no resultó tan aburrido ni tedioso como Nadia había imaginado que sería. No tardó mucho en acostumbrarse al continuo balanceo del barco y eso mejoró su humor notablemente. Casi nunca estaban solos; D'airos les dedicaba mucho tiempo, entreteniéndolos con viejas historias de marineros mientras los cuatro paseaban por cubierta, contándoles anécdotas curiosas que había experimentado en sus travesías e intentando enseñarles las peculiaridades más básicas que implicaba el manejar un barco. Los dos primeros días Nadia estuvo muy ocupando aprendiendo a pescar. Pero al tercero se dio cuenta de que no tenía la paciencia necesario para ello y en su lugar pidió a D'airos que le enseñara el nombre de las constelaciones del cielo de Nerume, la historia de las estrellas y las leyendas que guardaban.

La muchacha quedó asombrada por el gran conocimiento que el capitán tenía del cielo y del mar y se maravillaba con nada nueva historia que D'airos le contaba. Cuando creyó que el hombre confiaba en ella lo suficiente, se atrevió a preguntarle por la ninfa marina que se enamoró de él.

Era una noche más cálida de lo normal y ya habían terminado de cenar. Nadia, Mielle y Aldren estaban reunidos con D'airos en su camarote, de la que acababan de retirar los platos sucios. Las velas titilaban sobre los estantes y las sombras danzaban rítmicamente al compás que marcaban las llamas. La mirada del capitán, pensativa y distante, estaba clavada en ellas.

- Yo era un joven grumete que trabajaba en un barco mercante. En aquella travesía habíamos salido desde el Cabo Elorth hacia la ciudad de Nethamia, en Banule. Los primeros días todo fue bien, pero al cuarto nos topamos con una endiablada tormenta marina que nos complicó bastante las cosas. Mi capitán hizo todo lo posible por salvar la embarcación, pero todo fue en vano y no pudimos evitar naufragar. Aún no me explico cómo conseguí salvar el pellejo... pero lo cierto es que lo hice. Unos días después, no sé exactamente cuántos, me desperté en una cabaña al cuidado de la joven más hermosa que jamás habían visto mis ojos. Parecía casi una niña..., con el pelo largo hasta la cintura, de color negro azulado, y con unos ojos del mismo tono de la mar y que cambiaban como lo hacía ésta. Su nombre era Nécore y me dijo que me había encontrado inconsciente en su playa, arrastrado por la marea. Yo estaba enfermo y tenía una pierna rota, así que me quedé allí hasta que mis heridas sanaron. Mientras tanto, Nécore y yo nos hicimos "amigos", o algo así. Ella tenía el humor de la mar. A veces era dulce y pacífica y otras era insoportable e irascible. A pesar de que había días en que desearme marcharme de allí para no volver a verla jamás, nos teníamos mucho cariño.- se interrumpió un un momento para beber un trago y continuó.- Cuando me curé por completo, ella me pidió que me quedara a su lado. Pero yo era joven... y tenía ganas de vivir aventuras y ver mundo, así que me negué. Nunca olvidaré lo que me dijo entonces. Me miró seriamente y dijo: "Has cometido un delito que jamás te podré perdonar, el robar el corazón de una ninfa del mar." Averiguar quien era fue toda una sorpresa para mí. Sin embargo, Nécore no me maldijo, tal y como yo esperaba. Me bendijo para que nada malo me sucediera en el mar y luego me ató una venda a los ojos y me guió hasta el camino que conducía a Nethamia. Allí... me besó. Y nunca más la he vuelto a ver.- suspiró profundamente, con un pesar imposible de expresar con palabras.- Ahora pienso que no hubiera sido tan mala idea quedarme con ella. Dese luego, aventuras no me habrían faltado. Daría mi alma a cambio de verla una vez más.- añadió, sonriendo son tristeza.
- Eso nunca se sabe, capitán.- repuso Nadia con firmeza.- Tal vez la veáis.

Él volvió a sonreír melancólicamente, pero no contestó.

1 comentario:

Carlos dijo...

Vaya... Qué historia de amor más bonita y qué final más tonto. Yo me habría quedado con ella >.< Pero bueno, supongo que ahora te lo montarás de alguna forma para que Nécore vuelva a aparecer xD
Sería bonito, sin duda ^^
Un beso enormee!