domingo, enero 24

Un penique por tus pensamientos

[Imagen por My-little-Hippie]

A pesar de estar sumido en la oscuridad, en aquel momento se sintió iluminado por un rayo de luz cálida.
Le sucedía a veces, cuando alguien se dirigía a él con amabilidad. Se le había pasado por la cabeza la tonta idea de que tal vez tenía un sexto sentido para intuir las sonrisas de la gente.

La chica no lo llevó muy lejos. La puerta del local tintineó alegremente cuando ella la abrió para dejarle paso. Dentro olía maravillosamente a bollos y a café, y se estaba agradablemente caliente.

- ¿Qué quieres tomar?- le preguntó ella, una vez que hubo tomado asiento.
- Un café irlandés.
- Marchando.

Connor le dio una palmada cariñosa a Spirit en el hocico mientras esperaba el regreso de la chica misteriosa. Agudizó el oído y prestó atención a las conversaciones que se oían a su alrededor, para poder dibujar una imagen del lugar en su cabeza. Oyó las voces cascadas y viejas de un par de mujeres ancianas, cerca de su mesa. La voz joven y vivaracha de una camarera y los gritos de un grupo de niños pequeños pidiéndole chucherías a la dueña de la cafetería. Debía de ser un sitio bonito. Oyó cómo alguien ponía tazas y platos sobre la mesa.

- Nos han puesto unas pastas de chocolate con el café y el té. ¿Te gustan?
- ¿A quién no?

Ella rió y comenzó a remover el té con una ruidosa cucharilla. Connor tanteó despacio la mesa hasta dar con su taza de café, que estaba muy caliente. Imitó a la chica y removió con la cuchara tranquilamente.

- Están muy buenas.- comentó.
- Me has dicho que nos conocíamos.
- Más o menos. En realidad, nunca habíamos hablado hasta este momento.

Connor pudo detectar en su voz la timidez y la vergüenza; seguramente debía estar algo cohibida. ¿Pero por qué? Se metió la mano en el bolsillo de su pantalón y encontró un penique. Con una sonrisa lo sacó y lo dejó sobre la mesa.

- Estoy dispuesto a pagar por escuchar lo que piensas.
- ¿Un penique?- preguntó ella, burlona.- Es muy poco.
- Quizá, pero es todo lo que tengo en estos momentos. Y eso hace que su valor sea un poco mayor, ¿no crees?
- Está bien... pero no quiero ofenderte, ni quiero que te enfades conmigo. Es... un poco violento.
- Adelante. Si me enfado, siempre puedes huir. No voy a poder detenerte, de todas formas. Pero llévate las pastas, me parece un poco egóísta comérmelas todas.

Rió de forma nerviosa y suspiró. Tras una pausa de tres segundos, habló de nuevo.

- Algunas tardes, voy a visitar a una amiga a su casa. Siempre paso por delante de una penitenciaría que hay frente a la Plaza Blanca. Hace unos meses... de camino hacia allí, vi por la ventana a un muchacho que me sonrió y me saludó. ¿Te suena de algo la historia?

Connor se llevó la taza de café a los labios y tomó un sorbo del ardiente y amargo líquido. El sabor dulce del licor le quemó el interior de la garganta. Sujetó el vaso hasta que los dedos le dolieron debido al intenso calor. De repente se sintió con ganas de cantar.

- Me llamo Connor.
- Entonces... ¡eres tú, de verdad!
- Sí.- dijo sonriendo.
- Yo... me llamo Amy.

El muchacho parpadeó y por un instante estuvo a punto de soltar la taza de café. La dejó sobre la mesa y rompió a reír.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Oish, ¡es verdad! Que Don le había dicho que la chica tenía cara de Amy xD Y lo de pagar un penique me parece precioso, y Connor tiene razón: al ser lo único que tiene, aumenta su valor ^-^

Así que dos días y medio de viaje... Hum... Parece que dentro de poco encuentran a Hiru. O quizá no, depende de si sucede algo durante el viaje, claro xD Ya se verá :)
Espero con ansias leer más!

Fidel dijo...

Un penique.. la verdad que no es una gesto muy agradable por su parte, podía haberle preguntado sin más, o darselo después como una ayuda, pero pagarle ese penique, es curioso.
Siempre me han gustado los personajes ciegos, y este está muy bien, la verdad.
Un abrazo.