sábado, enero 23

¡Te encontré!

[Imagen por STLUKA]

Inclinada sobre la caja de viaje, susurraba suavemente a Greyash para que dejara de lloriquear. El gato, con los ojos dorados muy abiertos, contemplaba con espanto la sala que había más allá de los barrotes que le impedían salir.

Aquel veterinario estaba muy cerca de su casa; dos calles a la izquierda de donde se encontraba la pastelería de su madre, justo debajo del edificio donde vivían. Por eso se había confiado y no había cogido su abrigo antes de salir.

No había mucha gente en la sala de espera. Una señora de unos cincuenta y seis años, que rascaba las orejas de su chiguagua blanco. Un hombre acompañado de su hija pequeña y que traía un conejo marrón. Y en aquel instante... la puerta se abrió y entró un muchacho. Llevaba un enorme y precioso Golden Retriever y su andar era un poco inseguro. Al ver el tipo de correa con la que sujetaba al animal, Amy adivinó que era ciego. El joven cruzó la estancia y se sentó a su lado sin decir nada.

Amy no pudo evitar quedarse mirándolo con la boca abierta, perpleja. Su cara... le era enormemente familiar. Tenía los ojos de un extraño color verde pálido, y el pelo lo llevaba largo hasta los hombros, despeinado y moreno. Y a pesar de que su expresión era ligeramente triste y abatida, la muchacha sabía que su sonrisa era capaz de iluminar el mundo. Era él.

Apartó la mirada con brusquedad y clavó los ojos en sus propias manos, aovilladas sobre su regazo. No había imaginado ni por un momento que pudiera ser ciego. Cuando lo vio... le sonrió, a ella. Y la saludó. ¿Acaso había perdido la vista después de aquello? ¿Qué le habría pasado? Le echó un vistazo de reojo: estaba acariciando a su perro lazarillo con parsimonia. Abrió la boca para decirle algo, pero la cerró al instante. ¿Qué le podía decir? ¿"Hola, ¿eres tú aquel chico al que vi en la cárcel?"? ¡Por supuesto que no! ¿Y sí se equivocaba y no era él realmente?

- ¿Logan?- preguntó entonces el veterinario.

Amy se puso en pie de un salto. Cogió la caja de Greyash y tras dedicarle una última mirada al joven ciego, entró en la consulta.

***

Se sentó, jadeante y falta de aliento, en el escalón de la entrada del veterinario. No tenía ni idea de porqué había salido corriendo hacia su casa para dejar allí a Greyash y porqué había vuelto a la carrera al mismo sitio, con la esperanza de que aquel chico siguiera todavía ahí. Se había asomado a través del cristal de la puerta, pero no lo había visto. Cruzó los dedos y deseó que todavía estuviera en consulta.

Sus plegarias fueron contestadas, porque no pasaron ni quince minutos cuando la puerta del veterinario se abrió y el muchacho salió por ella, guiado por su perro. Amy se puso en pie de un salto.

- ¡Hola!- dijo, tal vez con demasiado entusiasmo.

El muchacho se detuvo y frunció el ceño ligeramente.

- Hola. ¿Nos conocemos?
- Algo así.- respondió ella, ruborizándose.- Es una historia un poco larga. Me preguntaba... si me dejarías invitarte a un café o algo.

Se lo pensó durante un par de minutos, pero Amy no se lo reprochó. Cualquiera se extrañaría de que un desconocido te invite a algo, y más aún cuando eres incapaz de ver a la persona con la que estás hablando. Pero al final, acabó por sonreír.

- ¿Por qué no?

1 comentario:

Carlos dijo...

Vayamos por partes xD
Primero, Nadia. Garue e Iluna son como niños... Pero los adoro *3* Es que son tan... No sé cómo expresarlo, me encantan y punto, sobre todo cuando se pelean a lo bestia. Y también me encanta Nadia con su aficción por soltar palabrotas en un mundo tan educadito y puritano.
Y luego, esta historia. Si yo estuviese en la situación de Amy, no sé si me habría atrevido a presentarme así por las buenas, pero espero que el café les vata bien. Y sigo perdiendo el hilo a la primera de cambio a esta historia xD
Un beso enoorme ^-^