jueves, diciembre 17

Nueva Nadia: Capítulo 3, parte 8

Mielle la llevó a una taberna próxima a las murallas. La desvencijada puerta chirrió cuando la joven la empujó y por unos segundos, las dos muchachas no vieron más que negrura delante de ellas. El establecimiento estaba sumido en la penumbra y sus ojos tardaron en acostumbrarse a la falta de luz después de haber pasado todo el día contemplando el fulgor de la nieve.

Era un local pequeño y alargado. Tenía varias mesas redondas a cuales estaban sentados algunos individuos de apariencia siniestra y otros que roncaban ruidosamente juntos a sus jarras de cerveza vacías. Eligieron la mesa más cercana a la ventana y esperaron a que el tabernero, un hombre con barba descuidada y ojos hundos se aproximara a ellas con lentitud. No parecía un sitio muy alegre.

- ¿Qué queréis?- preguntó.
- ¿Qué hay para comer?
- Queda un poco de asado de la noche anterior, sopa y bolas de carne. Y el pan es de esta mañana.

Mielle miró a Nadia inquisitivamente, pero ésta se limitó a encogerse de hombros.

- Pues sopa y bolas de carne.

El tabernero asintió y se alejó con el mismo paso lento y pesado. Mielle se inclinó sobre la mesa hasta que su frente rozó la de Nadia, y dijo en voz baja.

- Quizá hubiese sido mejor volver a la posada.

Nadia hizo un gesto negativo con la cabeza, pero no contestó. Mientras esperaban el almuerzo aprovechó para estudiar el lugar con más atención. La taberna apestaba a cerveza rancia, pero dejando a un lado la incómoda oscuridad y la sospechosa apariencia del resto de los clientes, el sitio tampoco estaba tan mal. Descubrió, en una esquina sombría del local, a un individuo en el que no había reparado al entrar. No podía verle el rostro, ya que tenía la cabeza cubierta por una capucha negra, pero aunque no distinguía sus ojos tenía la certeza de que las estaba observando.

Unos diez minutos después llegó la comida. Sabía bien, aunque las bolas de carne estaban frías y la sopa un tanto aguada. Sin embargo Nadia estaba hambrienta y no musitó ni una sola queja. Comieron con avidez y en silencio, y en poco tiempo habían dejado los platos limpios. Cuando el tabernero se acercó para recogerlos, les dijo con un deje de fastidio:

- Aquel hombre del fondo quiere pagarles la comida.

Mielle levantó la mirada, preocupada.

- Eh... dígale que no es necesario. Podemos pagarlo nosotras.
- Dijo que si decíais eso tenía que informaros de que debe insistir. Tiene mucho interés en invitaros.

En ese momento, la puerta de la taberna se abrió violentamente e Iluna irrumpió en el establecimiento con un remolino de nieve alrededor de sus pies. La rastreadora tenía una extraña mueca en la cara que la hacía parecer peligrosa. Dedicó a las chicas un fugaz vistazo y se dirigió a grandes zancadas hasta donde se encontraba el desconocido que quería pagarles la comida. Apoyó ambas manos a un tiempo sobre la mesa con tanta fuerza que la hizo tambalear, provocando que una jarra medio vacía cayera al suelo y se hiciera añicos sobre un charco de cerveza. El tabernero refunfuñó con rabia y se acercó a Iluna, deteniéndose a una distancia prudencial.

- No se permiten peleas en mi taberna.

Iluna le dirigió una breve mirada de desprecio y dejó bien a la vista los puñales que llevaba a la cintura.

- No se meta o saldrá mal parado.- le aconsejó con tono sombrío.

Pareció que el hombre quería decir algo más, pero su cobardía le ganó el pulso y finalmente se dio la vuelta y se alejó maldiciendo entre dientes. Nadia se puso de pie, observando a la rastreadora con preocupación. Advirtió que todos los hombres del lugar la estudiaban con vivo interés.

- ¿Cómo te van las cosas, Xisel?- preguntó entonces el extraño, con una despreocupación casi indiferente.- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.
- No el suficiente.- le espetó ella con frialdad.- No quiero que vuelvas a interferir en mis asuntos, así que lárgate de aquí y no te atrevas a seguirme.

El hombre se levantó de la mesa, haciendo chirriar la silla contra el suelo. Era alto y robusto, vestía pantalones de cuero, una camisa blanca y un chaleco de piel. Una pesada capa negra le colgaba elegantemente de los hombros.

- ¿Tus asuntos?- preguntó, divertido.- No seas presuntuosa, Xisel. Ella es asunto de todos nosotros.- añadió, mientras le rozaba suavemente la frente con su puño cerrado.

Iluna tenía las mejillas enrojecidas por la rabia. En cuanto él la tocó, actuó de forma rápida e implacable. En un movimiento que no llegó a verse, cogió uno de sus puñales e intentó utilizarlo contra él. Sin embargo su adversario era igualmente veloz y detuvo el ataque justo a tiempo, inmovilizándole el brazo con sus manos. Los ojos de la rastreadora brillaron peligrosamente al guardar el puñal con presteza.

- ¿Desde cuándo te preocupas por alguien que no seas tú?- preguntó, con tono acusador.

Él le sostuvo la mirada largamente durante unos minutos sin decir nada.

- Hablemos fuera.

Y echó a andar con paso tranquilo hacia la puerta sin cerciorarse de que ella lo seguía. A llegar a donde Nadia y Mielle lo contemplaron con desconfianza, y antes de salir de la taberna, se detuvo y efectuó una breve reverencia acompañada de una sonrisa traviesa. Iluna, lívida y temblando de furia, lo siguió a grandes pasos. Antes de que Nadia o Mielle pudieran decir nada, se limitó a decirles con sequedad:

- No os metáis.

Pero a pesar de la advertencia, en cuanto la rastreadora desapareció por la puerta, ambas la siguieron corriendo.

Al salir del establecimiento, no había ni rastro de Iluna y el misterioso desconocido por ninguna parte. Ni siquiera una sola huella sobre la nieve. Nadia se encogió de hombros.

- Bueno... ya nos enteraremos tarde o temprano.
- ¿Estará bien?- preguntó Mielle, inquieta.- Ese hombre parecía peligroso.
- Se conocían.- apuntó Nadia.- Si es peligroso... acabará con él. Sin duda es capaz de hacerlo.- calló un momento y luego preguntó.- ¿Vamos a esperar a los soldados?

Mielle asintió con un gesto.

Estaba atardeciendo, y aunque había dejado de nevar por el momento la temperatura continuaba bajando. Las dos jóvenes, cogidas del brazo y andando muy juntas, se dirigieron a la puerta de la ciudad envueltas por las nubes de vaho que salían de sus bocas al hablar, dejando tras ellas un rastro de huellas profundas.

1 comentario:

Carlos dijo...

Ay! ¿Quién es ese hombre tan misterioso y que ha hecho para que Iluna lo odie tanto? T-T Seguro que tardarás mucho en explicarlo Sniff T-T
Pero bueno, me encanta aunque me dejes con la intriga xD Y me alegro de ver que aquí nuestra amiga Nadia ya empieza a comer un poco mejor jejeje
En fin... Sí, por fin Navidades! ^^ Si no fuera porque mañana tengo un examen de Mates estaría de un humor fantástico xD
Un besazo!
Carlos