domingo, noviembre 29

Nueva Nadia: Capítulo 2, parte 5

Corrían por un estrecho corredor iluminado por antorchas. Nadia no sabía a dónde se dirigía; Mielle la arrastraba, girando a derecha y a izquierda, bajando y subiendo escaleras, y ella se dejaba sin oponer ningún tipo de resistencia. Algo le nublaba la mente: una sensación adormecedora que la privaba de cualquier tipo de emoción... incluido el miedo. Una luz difusa le emborronaba la vista y le impedía ver con claridad. Iluna corría detrás de ellas, pero ninguna de las muchachas advirtió su presencia.

Mielle se detuvo súbitamente delante de una puerta, sacó un manojo de llaves del bolsillo de su vestido y forcejeó nerviosamente con él hasta conseguir abrirla. La habitación era pequeña y estaba atestada de armarios y estantes con mantas y mudas de ropa. Mielle se arrodilló, buscando frenéticamente en cajones y estanterías mientras Nadia se limitaba a permanecer inmóvil en el centro de la estancia, observándolo todo con ojos vidriosos y expresión ausente. Cuando la joven se incorporó tenía en los brazos un vestido de lana, una capa forrada de piel y unas botas cálidas y flexibles. Sin decir una palabra le quitó el camisón y la vistió con cierta dificultad, para luego agarrarla de la mano y seguir corriendo. Sólo se detuvieron una vez más en un minúsculo almacén lleno de estantes con hileras de tarros transparentes llenos de hierbas y hojas de olor penentrante, donde Mielle eligió unos cuantos y los guardó en bolsa de lona que se colgó a la espalda. Tras eso bajaron por una interminable escalera de escalones desgastados y resbaladizos hasta llegar a una puerta desvencijada que se abrió con un crujido lastimero.

Un golpe de viento gélido le abofeteó las enrojecidas mejillas, espabilándola un poco. Era noche cerrada, y el cielo gris se extendía sus infinitos nubarrones sobre sus cabezas. Hacía muchísimo frío y el aire soplaba con fuerza. Mucho más cerca que antes seguían oyéndose gritos. Unos expresaban ira y otros triunfo, pero la mayoría eran chillidos de dolor desgarrador cuyas voces se mezclaban caóticamente hasta aunarse en un lamento estremecedor. Otro cañonazo atronador hizo que, durante un breve instante, todo lo demás se silenciara por completo. El corazón de Nadia dio un vuelco, consciente de que estaba en mitad de una batalla. El sopor la había abandonado y sentía los comienzos del pánico tomando posesión de su estómago.

Habían salido a un patio de grava, cubierto por una capa de nieve inmaculada. Nadia no prestó atención a los copos que caían suavemente desde el cielo casi blanco, arrastrados por el viento en un remolino danzante. Mielle ya no tenía que tirar de ella, pues corría con todas sus fuerzas aplastando la nieve bajo sus botas. El miedo era una garra fría que le apretaba el corazón, helándole la sangre en las venas y empujándola a huir sin importar realmente a donde siempre que fuera lo más lejos posible de aquellos gritos.

Se dirigieron a un pequeño establo, al otro lado del patio. Dentro estaba muy oscuro y olía intensamente a paja húmeda. Nadia era incapaz de ver dónde ponía los pies, pero Mielle avanzaba con celeridad y precisión. Sin previo aviso le soltó la mano y se perdió en la penumbra, dejándola sola. Nadia retrocedió hasta dar con la espalda en una pared de piedra helada. Arrinconada, temblando de frío y miedo al mismo tiempo, se detuvo intentando escuchar a Mielle. Oyó el relincho de un caballo y supo lo que la muchacha trataba de hacer. Sus ojos, que se habían acostumbrado ligeramente a la oscuridad, fueron capaces de distinguir la figura de Mielle forcejeando con animal para sacarlo de la cuadra.

- Eh, Mielle...
- ¿Sí?- preguntó ella, con la voz quebrada. Luchaba por dominar al inquieto caballo.
- No sé montar.
- ¿Qué?- dijo ella sin entender.
- Que no se montar...
- ¡Ya te he oído!- exclamó ella, con un deje histérico.

Nadia vio algo entrar en el establo y ahogó un grito al descubrir que se trataba de Iluna. Se agachó con los brazos extendidos para recoger a la gata que llegó trotando a sus pies con las patas mojadas. La abrazó, estrujándola entre sus brazos. Fuera de la cuadra se oyó un ruido metálico que se aproximaba, por lo que la joven se pegó tanto como pudo a la pared y se asomó furtivamente. Frente a la puerta del establo vio desfilar a una hilera de soldados vestidos con armaduras y cotas de malla, portando espadas, lanzas y escudos. Nadia se quedó mirándolos boquiabierta y con los ojos como platos, casi sin poder creerlo. Pero eran reales y estaban allí. Frunció la nariz debido al repentino olor a óxido. Un relincho nervioso la hizo girarse y vio que Mielle había terminado de ensillar al caballo y miraba al exterior con el semblante pálido.

- Vamos, sube.- dijo apremiante.

Nadia bajó la mirada y contempló a Iluna, apretada contra su pecho, con el corazón encogido. Las lágrimas se le agolparon en los ojos de forma inevitable. Sacudió la cabeza de forma negativa e hizo rechinar los dientes. Era incapaz de soltarla.

- No puedo hacerlo.
- Nadia, no tenemos tiempo.

Nadia cogió aire, pero no lo dejó escapar. Se agachó y la depositó en el suelo, aunque sin soltarla. No podía abandonarla. Las lágrimas le rodaban por las mejillas y caían al suelo sucio del establo. Volvió a sacudir la cabeza. Mielle se acuclilló a su lado y cogiéndola por las muñecas la obligó a dejar al animal y a levantarse.

- Si no nos vamos ahora que podemos, moriremos.

Mielle subió al caballo con agilidad. Nadia, por el contrario, tuvo muchas más dificultades. Pero el miedo actuaba con una patada en el culo y gracias a eso y a la ayuda de Mielle, finalmente consiguió montar en la grupa del animal. La joven tiró con fuerza de las riendas y clavó los talones en los flancos del caballo, que echó a galopar instantáneamente. Nadia tuvo que sujetarse a la cintura de Mielle para no caerse.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Ayyy! Dime que Iluna sobrevivee T.T A Aldren si quieres mátalo, pero salva a Iluna T.T
Madre, que intriga... ¿Por qué estos guerreros están atacando el castillo?
Madre, estaba todo el rato con el corazón en el puño. Y yo sí sé montar en caballo ^^
Y muy bien, que conste... Porque yo no me he caido doscientas veces mínimo... No, qué va... Ese no era yo xD
En fin, que parece que te han vuelto las ganas de actualizar y me alegro ^^
Un besazo!
Carlos

Carlos dijo...

La verdad es que yo tengo tendencia a los desmayos (sí, me encanta tenerlos, me quedo de un relajado... xD), por eso Kat se desmaya tanto, aunque espero cambiar eso pronto xD
Y este capítulo deja muchas incógnitas que van a tardar mucho en responderse xD Aunque diré que el chico de los ojos verdes es importante, muy importante xD
Me alegro de que también te haya gustado DW (DarknessWritter xD), y a ver si a partir de ahora consigo ser un poco positivo xD
¿Y cómo no mencionarte? Vamos, te has ganado la mención a pulso (:
¿Y tú cuantas llevas? (ahora dirás una cantidad altísima y me caeré de culo por presumir de 150 xD).
Un besazo!
Carlos