martes, noviembre 10

Nueva Nadia: Capítulo 1, parte 1

Nadia despertó con el corazón en la boca, latiéndole apresuradamente mientras boqueaba en busca de aire. Se incorporó hasta quedar sentada y se llevó una mano a la garganta de forma automática, como si aquel gesto pudiera calmar la horrible sensación de ahogamiento que acababa de experimentar.

La luz tenue de la mañana atravesaba las cortinas amarillas, impregnada de su color. Todo estaba en silencio y Nadia sólo era capaz de escuchar su propia respiración, agitada. Dejó caer la cabeza hacia atrás, aún asustada por la pesadilla en la que se había convertido el sueño que había tenido. Intentó serenarse. Había sido... tan real... Se estremeció al recordar el miedo que había sentido al creer que iba a ahogarse de verdad. Se restregó los ojos y alcanzó el móvil con la mano, que descansaba sobre la mesa. Eran las once y media.

Algo saltó sobre las sábanas con un quedo maullido. Una gata, de largo y lustroso pelaje de un gris claro atigrado y ojos azules, se le acercó hasta que su hozico rozó su nariz, ronroneando. Nadia sonrió mientras le acariciaba la cabeza.

- Hola, Iluna.- le dijo con cariño.- ¿Tienes hambre? ¿Quieres desayunar?

La gata volvió a maullar.

- Estoy de acuerdo.

A tientas buscó las zapatillas de casa, que como de costumbre estaban cada una en una punta diferente de la habitación, y se puso en pie. Cerró la ventana y estiró las sábanas. Se desperezó, se puso el camisón y se dirigió al baño con los ojos entornados, donde se lavó la cara para quitarse el amodorramiento restante. Tras eso, y debido a los urgentes maullidos de su gata, Nadia se encaminó hacia la cocina.

Después de unas cuantas carantoñas dio de comer a Iluna y se preparó su propio desayuno, consistente en un batido frío de colacao y una tostada de aceite y azúcar. Llegó hasta el comedor, se dejó caer con pereza en el sofá y cogió el mando a distancia con cierta desgana. Encendió la televisión y comenzó a pasar de canal sin prestar verdadera atención a lo que ponían en cada uno. Iluna apareció pronto, relamiéndose feliz, y saltó al regazo de Nadia donde procedió a acicalarse los bigotes y a lavarse concienzudamente.

Era agradable el estar sola en casa. Sus padres estaban de viaje en Menorca, en esas vacaciones en pareja que por fin se habían decidido a tomar, y no regresarían hasta dentro de una semana. Su hermano mayor se hallaba en paradero desconocido, divirtiéndose en alguna parte en compañía de gente que ella no conocía ni estaba interesada en conocer. No tenía que preocuparse de nadie excepto por ella y por Iluna, y ambas estaban encantadas de disponer de toda la casa para ellas solas. Tampoco tenía nada que estudiar y aún le quedaba un mes para empezar de nuevo el instituto. Aquel año, el verano le sonreía...

Oyó que el móvil, en su habitación, empezaba a sonar de forma insistente. Soltó una palabrota entre dientes y tras apartar con delicadeza a Iluna, se dirigió hacia allí casi corriendo. Sin embargo no se trataba de una llamada ni de un mensaje, sino de un aviso que ella misma se había puesto para acordarse de la tarea que no podía olvidar realizar.

Otro taco se le escapó al leerlo. Volvió a mirar la hora y se dio cuenta de que llegaba tarde. Bufó y paró frente al armario con gesto de enfado.

1 comentario:

Carlos dijo...

Aish! Ahora comprendo cuando me dices que es genial tener dos capítulos para leerse xD Madre mía... Menuda intriga nos dejas en el cuerpo xD
Y me ha hecho mucha gracia ver que Nadia y Katrin se parecen en lo de buscar las zapatillas a tientas xD
Supongo que dentro de poco subirás el próximo trozo, ¿no? ¬¬ El "supongo" se puede omitir, vas a hacerlo sí o sí xD
Ya volví de Asturias ^^ Y no sé si alegrarme por recuperar el internet o echarla de menos, porque me gusta tanto... xD
Un beso!!
Carlos