domingo, septiembre 20

Hacia atrás en el tiempo (5)

El despertador sonó puntual a las siete de la mañana.
Lo curioso fue que, aunque llevaba ya unos años sin levantarme jamás a aquella hora, no me resultó difícil abrir los ojos y salir de la cama. Tal como solía pasar antes, fui la primera en levantarse. Me dirigí, con los ojos entrecerrados, al cuarto de baño, y sentada en el váter intenté recordar si debía despertar a mi hermano o podía dejarlo durmiendo un poco más. ¿En qué curso estaba? Me puse a hacer cálculos, pero mi cerebro, ya de por sí nulo para las matemáticas, estaba todavía adormecido y no me respondía. Por lo tanto, al salir del servicio entré en su dormitorio, que estaba sumido en la oscuridad, y lo sacudí firmemente por los hombros. Él no contestó.

- Guille, ¿me oyes?

No hubo respuesta.

- Guille.
- Hmm...
- ¿Me oyes?
- Hmm...
- ¿Eso es un sí?
- Hmm...
- Vale. Son las siete y cinco. Levántate si quieres, yo voy a hacerme el desayuno.
- Hmm...

Me calenté leche y al abrir la despensa para coger mis cereales descubrí con desilusión que no estaban. Claro... aún no habíamos empezado a comprarlos. En su lugar había una caja de yayitas de chocolate que yo había aborrecido después de años tomándolas todos los días. No me apetecían, y como debido a los nervios mi estómago no estaba muy colaborativo, opté por beberme la leche sola.

Ni siquiera encendí la televisión cuando me senté a la mesa. Era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera el gran dilema que me torturaba. Tras horas cavilando sobre ello me había dado cuenta de que, en realidad, no tenía ninguna alternativa. Si no quería que mi vida futura cambiara no tenía más remedio que imitar mis acciones pasadas. Eso significaba empezar, de nuevo, una relación con Javi. Y yo no quería enfrentarme con esa única opción. Por un lado, estaba enamorada de Daniel y por otro, detestaba a Javi. Lo mirara por donde lo mirase, salía mal parada.

Los minutos pasaron sin que me diera cuenta y en nada ya eran las siete y media. Mi padre se había levantado y me saludó con los ojos apenas abiertos mientras se dirigía al baño. Yo le di los buenos días y me encaminé a la cocina para meter el vaso de leche en el lavavajillas. De regreso a mi cuarto eché un vistazo al dormitorio de mi hermano, todavía en penumbra, y entré a sacudirlo otra vez y a recordarle la hora que era.

Me resultó muy raro abrir mi armario, que no tenía la puerta rota todavía, y encontrarme con ropa que ya había desechado por quedarme pequeña. Algunas prendas ni siquiera las recordaba y tardé un buen rato en decidir qué ponerme. Al desnudarme no pude evitar quedarme mirando mi propio cuerpo con cierto asombro y admiración, desconcertada por ser capaz de apreciar la juventud de mis formas a pesar de tener dichos años de menos, en mi mente y de más.

Una vez vestida recordé que tenía que ir a clase en el instituto. Era lunes. ¿Qué me tocaba los lunes? No tenía ni idea. Busqué y encontré mi mochila, saqué de ella la agenda y miré el horario de las asignaturas. Se me cayó el alma al suelo cuando vi que tenía Técnicas Graficoplásticas, pero suspiré aliviada al encontrar con facilidad la bolsa donde guardaba todos los útiles de pintura. Metí los libros y libretas correspondientes en la mochila y tras ponerme el abrigo y coger mi antiguo mp3 (cuyo manejo había olvidado también), me dirigí a la puerta de casa.

- Adiós.- le dije a mi padre, que en ese momento estaba con mi hermano en la cocina.
- Hasta luego, ten cuidado.
- Adiós.- me dijo mi hermano.

Saludé con la mano y salí de casa.

El olor del invierno, frío y duro, me asaltó cuando salí a la calle mientras el día amanecía a mis espaldas, haciendo desaparecer las estrellas. A pesar de todo, no pude evitar sonreír ligeramente. Una de las cosas que más me gustaban de mi período en el instituto había sido precisamente ir andando hasta allí. El camino era largo, tardaba veinticinco minutos, pero lo disfrutaba bastante. Eché a andar y pronto dejé a atrás mi urbanización. Las calles estaban libres de las obras que cinco años adelante asolaban la ciudad entera, dificultando el tránsito de la gente y de los coches y llenando el aire de polvo. Era agradable poder volver a pasear sin tener que buscar un hueco entre las vallas por donde pasar y sin escuchar el irritante sonido de las taladradoras.

Estaba asustada. No sabía lo que iba a pasar y temía no sólo encontrarme con Javi, sino con los amigos que tenía en aquel tiempo. Las cosas con algunos de ellos habían cambiado y además, yo sabía que segundo de bachiller había sido un año malo que me había traído muchas disputas tontas y enfados innecesarios. Desde luego, a ninguno de ellos podía contarle lo que me estaba pasando y de pronto volvió a asaltarme la urgente necesidad de compartir mis problemas con alguien. Me di cuenta, en ese instante, de que siempre he buscado apoyo en los demás al sucederme algo malo. Tanto en mi familia como en mis amigos, y ahora sin embargo estaba completamente sola ante aquella inexplicable y horrible experiencia que estaba amargándome la existencia.

No podía confiar en nadie y eso me hizo sentir terriblemente sola y triste. Quise hablar con Violeta, Rika o Mari... pero a las dos primeras aún no las conocía y desde luego, si le decía a Mari que había viajado cinco años atrás en el tiempo no me tomaría en serio o pensaría que había perdido del todo la cabeza. Quería hablar con Daniel... ¿pero cómo?

En ese momento oí el pitido de un coche detrás de mí y advertí que, sumida en mis pensamientos, no me había dado cuenta de por donde andaba y estaba empezando a cruzar un paso de peatones con el semáforo en rojo. Retrocedí, con el corazón latiéndome con fuerza, y aparté aquellos pensamientos de mi mente. No tenía ningún sentido lamentarme. Tenía que hacer de tripas corazón y ser valiente.
Más valiente de lo que nunca había sido.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Volviste ^-^
Me he leído toda la historia del tirón, y me encanta, en serio. Pero si yo fuera tú, es decir, Ana, ignoraría lo que me perdería y arreglaría mis errores xD
Y sí, por fin he vuelto xD Gracias al cielo.
Espero que hayas pasado un buen verano.
Un beso
Carlos

Xit dijo...

Ana!!! no escribas tan poquito, es muy corto!!!