martes, abril 21

Ath y Thysa, capítulo dos

El siguiente capítulo de Ath y Thysa. Disfrutadlo.


Junto a uno de los arcos que daban paso al patio interior apareció de nuevo el sirviente al que Ruar había llamado Emmer.

- Lamento interrumpir, señor, pero ¿dónde tomarán el almuerzo?
- ¿Dónde queréis comer?- preguntó Ruar a su vez, mirando a sus invitados.- ¿Aquí, o preferís pasar al interior…?
- No, aquí está bien.- respondió Ath tras mirar a Thysa rápidamente.- Si no hay inconveniente, por supuesto.
- Claro que no.


Emmer asintió y desapareció nuevamente. Duna cerró su libro, que había mantenido abierto sobre sus rodillas todo el rato, y se incorporó. Se alisó las arrugas de la falda de su vestido.

- Querido, voy a avisar a los gemelos.
- Oh, sí, buena idea.


Llegaron más sirvientes para unir las mesas y colocar un mantel blanco sobre ellas. La cubertería era de plata y los vasos de cristal. Los platos eran de cerámica, y estaban llenos de alimentos de aspecto delicioso: pescado frito, calamares, ensaladas, patatas hervidas especiadas y fruta. El estómago de Thysa rugió suavemente debido al olor irresistible de la comida.


Duna regresó poco después de que todo hubiera sido colocado, acompañada de dos jóvenes que eran idénticos a simple vista: tenían el cabello castaño, del color de la arena, la piel tostada y eran altos y fornidos, más parecidos a su madre que a su padre. Los dos hermanos observaron a los desconocidos con curiosidad. Ruar hizo un amplio gesto con la mano, alentándolos a servirse por ellos mismos. Thysa tomó una bandeja que contenía dorada con rodajas de limón.


- Estos son mis hijos.- dijo el Gobernador.- Ifher e Ellem, ellos son Ath, el cazador de espíritus y su compañera, Thysa.

- Una hermosa mujer, sin lugar a dudas.- comentó Ellem, apreciándola con evidente admiración.

- No creo que eso la halague, hermano.- replicó Ifher con reprobación.

- ¿Por qué no?

- No es correcto mirar de esa forma a una mujer casada.


Thysa levantó la mirada de su plato con brusquedad para observar con atención a Ifher, consciente de que se había ruborizado. Ath, por el contrario, permanecía tranquilo y sonriente. Sonreía estúpidamente. Tanto Ruar como su esposa la miraron sorprendidos. Ifher parecía asombrado por la reacción que habían desencadenado sus palabras.


- No me equivoco, ¿verdad? Ambos lleváis un pendiente de plata con forma de medialuna. Es el símbolo del matrimonio para la tribu de chamanes que habita en Dumyat. No los llevaríais de no ser así, a menos que estéis comprometidos con…

- No, no.- murmuró Thysa.- Estás en lo cierto.


Ellem frunció el entrecejo, y Thysa maldijo para sus adentros. No le gustaba que la gente estuviese al tanto de la naturaleza del compromiso que la unía a Ath, ya que intentaba rehuir dicha unión en la medida que le era posible. Pero desgraciadamente, de vez en cuando se topaba con alguien versado en las costumbres de su tribu.


A aquella declaración le siguió un incómodo silencio durante el que todos se limitaron a comer. Fue Ath quien, tras unos minutos, retomó de nuevo la conversación cambiando de tema.


- ¿Puedo hacerle algunas preguntas más específicas, señor?

- Claro, claro. Adelante.
- ¿Ha sucedido algo más desde que enviaron al mensajero?
- Al principio sí, tres muertes más. Pero desde entonces no ha sucedido nada. Sin embargo, las cosas no están bien. Es como si…

- Como si se estuviera preparando algo peor.- susurró Thysa.

- Exactamente.

- Sobre las muertes… ¿habéis encontrado alguna similar a la primera víctima, desnuda y con quemaduras?

- No, tan sólo esa.

- ¿Hay algún factor común…que una a las víctimas?

- No… parece una masacre indiscriminada. Aunque sí hemos notado que tras la muerte de nuestra exorcista, todas las víctimas de suicido eran hombres. Nos extrañó.

- Interesante… ¿Ha visto personalmente al espectro, señor?

- Yo no, pero…

- Yo sí.- afirmó Ellem.- Pero yo no lo llamaría espectro. Tal vez al principio lo fuera, no lo sé… pero ha debido hacerse más fuerte.

- ¿Es corpóreo?- inquirió Ath, intentando no reflejar la preocupación en su voz.
- Sí. Tiene la piel ligeramente verdosa, los ojos de un color gris sucio, sin iris ni pupila. No se deja ver casi nunca, pero pude verle la cara cuando mató a uno de los soldados de mi padre, antes de desaparecer.
- ¿Tenía alguna herida o marca distintiva visible?
- No…o al menos, yo no la vi.
- ¿El rostro te resultó familiar? Ellem meditó sobre ello unos minutos antes de negar con la cabeza.

Ath asintió y se dirigió a Ruar de nuevo al hablar otra vez.


- Ahora necesito que haga memoria. Antes de las historias comenzaran a circular… ¿sucedió algo… trágico en la ciudad? Alguna muerte significativa, tal vez.

- Tendré que pensarlo detenidamente, ahora no podría contestarle.

- De acuerdo. Pero déle prioridad, por favor. Puede ser muy relevante.


Después de que Ath terminara con sus preguntas, la conversación derivó en temas menos escalofriantes. La familia del Gobernador se mostró muy interesada en el inusual don de de Ath, aunque él se limitó, tal y como hacía siempre, a quitarle importancia. Thysa tuvo que apretar los dientes para disimular su desprecio: preferiría que Ath admitiera que era un auténtico portento a que intentara convencer a todo el mundo de que ver y escuchar a los espíritus de la forma en la que él lo hacía, podía estar al alcance de cualquiera. Eso sólo la colocaba muy por debajo de él.


Ifher le preguntó acerca de la tribu de Dumyat; al parecer había estudiado mucho al respecto. Le confesó que le gustaría visitar el lugar cuando le fuera posible dejar Dhara.


- ¿Conoces al Tótem de la tribu? Sé que se le elige por su destreza en las artes chamánicas, y que cada dos años hay un desafío para mantener el puesto o cederlo a alguien más capacitado…

-
El actual Tótem es mi tío.- respondió ella, con cierto orgullo.
- La mayoría de los Tótem de nuestra tribu proceden del clan de mi familia.

- ¡Vaya…!- exclamó, asombrado.- Tendrás… tendrás que presentármelo… Sería todo un honor conocerlo. ¿Cuándo eran las pruebas de selección? Creo que recordar que no quedaban muy lejos…

- Sí, son dentro de cinco días, después del solsticio de verano. De haber estado allí, es posible que hubiera participado.

- ¿En qué… en qué consiste exactamente el poder chamánico?- preguntó Duna con timidez.

- Nosotros los chamanes estamos muy en sintonía con la naturaleza, y los más poderosos pueden controlarla. Escuchamos y nos comunicamos con los espíritus de los elementos y los animales, y también con las almas humanas, aunque con menos facilidad.

- Debéis trabajar bien juntos.- observó Ellem, mirándola a ella y luego a Ath.

- Parte del secreto de mi éxito se debe a ella.- sonrió él.


Thysa no le devolvió la sonrisa, pero no pudo evitar sentirse un tanto halagada por sus palabras.
Cuando terminaron, los criados retiraron los platos vacíos, los cubiertos y el mantel.

Thysa empezó a sentirse somnolienta. Durante el viaje no había podido comer y dormir lo suficiente, y aquel festín y la sensación de tranquilidad que la embargaban en ese momento amenazaban con cerrarle los párpados. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para reprimir un bostezo. El canto de la fuente y la agradable brisa la adormecían… Advirtió que Ath la miraba fijamente, pero lo ignoró, como solía hacer siempre.


- Señor…- musitó el joven.- ¿Podríamos retirarnos a descansar un poco? Me gustaría hacer un repaso de la información que me ha dado para sacar algunas conclusiones. Y aunque es temprano, dormir un poco. Quiero estar despierto y alerta esta noche.

- Por supuesto.


Tal como hizo anteriormente, dio tres palmadas en el aire. En cuestión de segundos Emmer y Silia aparecieron bajo el arco del patio.


- Silia, por favor, lleva a nuestros invitados a una de nuestras habitaciones libres. La alcoba del ala este, la que tiene vistas al jardín, será apropiada.

- Al instante, señor.


Abandonaron el patio en pos de la anciana sirvienta del Gobernador, escaleras arriba. El dormitorio del que había hablado Ruar estaba en un corredor cuyo lado izquierdo terminaba en la una balconada de madera que daba al enorme jardín de la casa, con enormes y cuidados árboles frutales, setos y senderos estrechos de piedras, fuentes y bancos. Silia abrió les abrió la habitación.

- Disponen de un lugar donde bañaros. Enviaré a alguien con agua caliente en unos minutos.

- Gracias.- dijeron ambos al unísono.


Era una estancia amplia y bien iluminada, con losetas marrones cubriendo el suelo y una cenefa de mosaico en las paredes blancas. Había una sola cama, doble, con sábanas celestes, un armario, un escritorio con dos sillas de aspecto cómodo, y un enorme y sólido barreño de madera. Ath se descolgó el cinto y se tumbó sobre la cama, suspirando.

- Parece que esto va a ser más complicado de lo que yo pensaba.

- Sí, no tiene buen aspecto.


Thysa se sentó a los pies de la cama, sin mirarle. Ath se incorporó ligeramente para verla mejor. El sol arrancaba destellos cobrizos a su oscura melena, que le caía sobre los hombros de forma desordenada.


- Siento que… bueno. Siento que nos hayan dado la misma habitación.- dijo, en voz baja.

- No importa, no es la primera vez.- repuso ella. Y antes de darle tiempo a decir nada más, preguntó.- ¿Cuáles son tus conclusiones hasta ahora?


El joven se levantó y se apoyó sobre la pared, al lado de una de las ventanas. Se pasó una mano con su rebelde cabello rubio, del mismo color del trigo dorado, con gesto ausente.


- Tengo varias.- respondió.- Para empezar, sospecho que el espíritu está fuertemente ligado a la ciudad, y por eso nadie puede abandonarla. También es obvio que se está haciendo más fuerte, debido a que ha pasado a estado corpóreo. Sin embargo, se ha dado cuenta de que por el momento es más vulnerable, y ahora se oculta con más ahínco.

- Puede estar ligado a la ciudad o a alguien que aún vive aquí y que está vivo.- puntualizó Thysa.

- Sí, tienes razón. Incluso pueden darse los dos motivos. Si seguimos en la dirección a la que apuntas… la idea de un invocador tiene mucho sentido.

- La muerte de la viuda tiene que ser relevante.

- Cierto. Las quemaduras sugieren que el espectro intentó establecer un contacto físico con ella, y la desnudez… indican un tipo muy particular de contacto.
-
Pero ha sido la única víctima con esas características.

- Por lo que podemos deducir que el espectro conocía a la víctima y tenían una historia en común.

- ¿Es posible que la viuda fuera la invocadora? Después de su muerte y de la de la exorcista, no hubo más víctimas por un tiempo hasta que se reanudaron más tarde, de forma más violenta. Tal vez el espectro sea el espíritu de su marido.

- Es probable… pero lo dudo. Si la invocadora hubiera muerto tan pronto, el espectro posiblemente hubiera desaparecido también. No habría tenido tiempo de crear un vínculo fuerte que lo retuviera aquí. Tendría que haber sido un espectro muy poderoso para poder hacer eso sin un invocador, y si fuera un espíritu con un poder de tal magnitud, sería ahora mucho más fuerte de lo que es. Pero nos cercioraremos; le pediremos a Ruar detalles sobre la viuda. Si había enviudado recientemente, lo consideraremos, pero sino, carece de sentido.


Thysa asintió, conforme. Se sentía cómoda hablando con Ath sobre esos temas, y durante aquellas conversaciones a veces llegaba a olvidar su aversión hacia él.


- Las muertes por suicidio, y el hecho de que todos ellos fueran hombres, sugiere que estuvo intentando apoderarse de un nuevo cuerpo, sin éxito al principio. Tal vez lo haya logrado ya y por eso ahora es corpóreo, o puede que se haya corporizado por sí mismo…lo cual es mucho más preocupante.

- Porque hubiera necesitado ayuda.- musitó ella.

- Exacto.


Unos nudillos golpearon discretamente la puerta de la habitación y Thysa se acercó a abrir. Cuatro muchachas, alrededor de los quince o dieciséis años, pasaron al interior de la estancia cargando con cubos de agua humeante que vertieron en el barreño sin decir una palabra. La última dejó sobre el escritorio una pastilla de jabón y toallas limpias, tras lo que las cuatro se marcharon conteniendo una risita.
Ambos intercambiaron una mirada en mitad de un incómodo silencio.

- Puedes… puedes bañarte tú primero. No me importa que el agua se enfríe.- dijo él.

- De acuerdo.


Thysa se aproximó al barreño y metió la mano en el agua para comprobar la temperatura. Estaba muy caliente, pero a ella le gustaba así. Un escalofrío le trepó por la espalda.

- Puedo darme la vuelta si lo deseas…

- No hay nada que no hayas visto ya, Ath.


La joven se desnudó rápidamente, dejando sus ropas sobre el respaldo de la silla. Cogió el jabón, dejó las toallas cerca y se metió en el interior del barreño lentamente. El calor la inundó, calándola por completo, ardiéndole en la piel. Cerró los ojos y de sus labios escapó un suspiro de placer. Imaginó que estaba en Dumyat, en la celebración del solsticio, junto a una de las grandes hogueras que rodeaban el lago y que pintaban las oscuras aguas con resplandores carmesíes. Visualizó los rostros de su familia y seres queridos…sus padres y hermanos, abuelos, tíos y primos, los amigos junto a los que había crecido…

Se quedó paralizada cuando detectó una intrusión en aquel abanico de caras amadas. Su subconsciente le había jugado una mala pasada añadiendo una faz conocida, seria y a un mismo tiempo pícara, de tez pálida, ojos oscuros y azules y cabello rebelde del color del trigo.
Sacudió la cabeza para expulsar aquella imagen de su mente y abrió los ojos. La alivió comprobar que Ath no la estaba mirando. El joven había vuelto a tumbarse sobre la cama y permanecía en silencio. Thysa no se demoró en asearse, apenas si prestó atención al agradable olor del jabón. Una vez que estuvo limpia salió del barreño y se envolvió en la toalla. Se secó deprisa y acudió a sentarse en la cama.

- Tu turno.


Ath se levantó, se desnudó junto a la cama y se metió en el barreño sin decir nada. Thysa evitó mirarlo. Terminó de secarse, se puso una camiseta de lino larga que utilizaba para dormir y se metió en la cama. No entendía porqué de repente se sentía tan turbada. Intentó dormirse antes de que él regresara a la cama, pero cuando lo hizo todavía estaba despierta.


Ath se acostó muy cerca de ella, aunque sin tocarla. Aspiró el aroma de su cabello húmedo y observó las curvas de su cuerpo, en silencio. Pensó que ya se debería de haber dormido, puesto que Thysa era de sueño fácil y más cuando estaba cansada. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por no alargar una mano y acariciar su cintura; no se atrevía a despertarla.


- ¿Podrás perdonarme… y dejar de odiarme algún día?- susurró, para sí mismo.

2 comentarios:

Anaid* dijo...

No me da tiempo a leerlo ahora, pero lo harè esta noche con un buen café entre las manos, mil besos grises^*

Carlos dijo...

How much I like it!
Adictivo y largo, cosa que adoro, así no me sabe a poco xD
¡Y yo quiero que se líen de una vez!
Y saber por qué Thysa le odia, con lo majo que parece...
Un beso
Carlos