miércoles, octubre 1

La Muerte del Autor

Esta historia, o relato corto, la escribí originalmente en inglés, y debo admitir que me gusta más en inglés que cómo ha quedado en español al traducirla. Las narraciones son mucho mejores en la lengua en la que se escriben en un principio, no importa cuál sea. Si las traduces, pierden gran parte de su esencia. Pero cómo sé que la gran mayoría de los que os pasáis por aquí no domináis el inglés, aquí la tenéis en español. La hice pensando en entregarla para una asignatura, pero al final no me sirve y tengo que escribir otra. Me da pena, porque ésta me gusta mucho, pero qué le vamos a hacer. Parece un poco larga, pero es de entrega única. Espero que os guste.


PREFACIO

Y las páginas estaba ardiendo. Finalmente estaban en llamas y en unos pocos minutos, aquellas peligrosas palabras serían sólo cenizas. Tan sólo un fino polvo gris sin ningún tipo de poder. ¿Aquello sería capaz de acabar con su glorioso espíritu? O al menos, ¿podrían aquellas llamas paliar aquel desgarrador sentimiento de terror? La silueta femenina alzó su cabeza y dejó vagar la mirada a través de la profunda oscuridad de la noche, más allá del resplandor rojizo del fuego. El silencio sólo era interrumpido por el agónico crujido de las páginas moribundas y en la distancia, el campanario de la iglesia atravesaba el firmamento como un agijón envenenado. La joven inclinó su rostro y clavó sus ojos en la danzarina llama azulada, observando cómo palpitaba hasta extinguirse. Se agachó y acarició, con extrema delicadeza, la pequeña montaña de cenizas. Con los ojos cerrados, sopló y dispersó el polvo gris, confundiéndolo con la oscuridad.


El humo se mezclaba con las grises nubes bajas, y el vaho que escapaba de las bocas de los viandantes se deshacía con el contacto de la persistente lluvia, que tejía un neblinoso velo sobre la ciudad. Aquel tiempo era una ventaja para ella; esconderse y pasar desapercibida era mucho más fácil sin un sol coronando el cielo. A través de los mechones de su oscuro cabello vio a su presa cruzar la carretera y entrar en una pequeña y rústica librería. La mujer abandonó el sombrío callejón donde había permanecido oculta y atravesó la espesa niebla, silenciosamente, acercándose al establecimiento. Una anciana, vestida con ropas negras, estaba sentada cerca de la entrada. Se balanceaba en una vieja mecedora de madera, sujetando un crujicijo de plata en su mano temblorosa. Murmuraba algo ininteligible, en un ritmo errático. La cazadora la ignoró y aguardó cerca de la ventana de la tienda, prestando atención a la conversación que estaba teniendo lugar en el interior.

- Lo lamento mucho, Señor Carroll, pero no podemos ayudarle.- dijo una voz masculina.- Esto es una librería, no una editorial...
- Pero yo hablé con una mujer que...- replicó otra voz, desesperada.
- Ninguna mujer ha trabajado aquí desde hace tres meses. Me temo que se ha equivocado usted de librería. ¿Esa mujer mencionó su nombre? Tal vez podamos encontrar...
- No, no lo hizo.- suspiró la segunda voz.- De todas formas, no importa. Muchas gracias por su tiempo, Señor Michel.
- Adiós, Señor Carroll, y buena suerte.
- Adiós, y gracias de nuevo.

La campanilla de puerta sonó cuando un hombre salió de la tienda. Era joven, rubio y pálido. Vestía un largo chaquetón verde oscuro y llevaba una bufanda azul alrededor del cuello. Sus ojos estaban nublados con expresión resignada. Metió las manos en los bolsillos del abrigo, dedicó un rápido vistazo a la vieja mujer y echó andar hacia delante. La joven sintió un ardor en su garganta conforme veía al muchacho alejarse. No había ninguna duda al respecto: era él, el que había perturbado sus sueños, áquel al que temía. Y no quedaba mucho tiempo: pronto su poder se manifestaría, pronto sería consciente de sus habilidades. Ella se irguió y pasó por delante de la entrada de la librería. Algo agarró el extremo de su capa. Se giró y vio la amarillenta y apergaminada mano de la anciana. Sus lechosos ojos estaban muy abiertos, sin ver nada, mientras seguía balbuceando. Ella se desasió de su contacto y encaminó sus pasos detrás del hombre.

Lo persiguió a través de la ciudad, pasando invisible como un espectro entre la muchedumbre. Había muchas personas en la calle. Vestían abrigos de piel, llevaban capuchas sobre sus cabezas y guantes para calentar sus manos. Mientras hablaban, el cálido vaho se difuminaba en el aire. Las mujeres caminaban en pequeños grupos, con bolsas colgando de sus brazos. Los hombres transportaban utensilios de labranza y conducían carruajes tirados por caballos. Al pasar cerca de las escuelas se podía escuchar el canto de los niños y las lecciones recitadas en voz alta. El humo se elevaba desde las chimeneas, dibujando remolinos que se fundían con las nubes oscuras. Nadie notó su presencia. Sus pasos eran completamente silenciosos, su larga cabellera de color azabache escondía sus hermosos, y al mismo tiempo, peligrosos rasgos. En su mente sólo había un objetivo: el joven que se arrastraba cabizbajo por la avenida, a pocos metros por delante de ella.

El hombre se dirigía a su apartamento, una pequeña y sucia habitación en un edificio cercano a la iglesia. El portero, un hombre robusto y de facciones hostiles que estaba fuera fumando un cigarrillo, lo miró con desdén. El muchacho agachó la cabeza, como si se avergonzara, y pasó através de la estrecha puerta. El conserje arrojó la colilla y la aplastó con una de sus botas. La mujer lo observó desde la esquina de una calleja, luego alzó sus ojos al techo de la estructura y frunció el entrecejo. La forma más rápida de entrar en el edificio era atravesando la puerta que el portero vigilaba.

- Buenos días, preciosa.- dijo el hombre, con un perverso centelleo en sus ojos.- ¿Tienes frío, guapa?

Ella le dedicó una sonrisa helada que hizo que el hombre cerrara la boca al instante. Sin decir una sola palabra, la joven comenzó a subir los peldaños que llevaban hasta el primer piso, siguiendo el ardiente aroma de su presa. El momento crítico estaba mucho más cerca. Su ansiedad era casi dolorosa; apretó el paso y corrió escaleras arriba tan rápido como pudo. La puerta de la habitación estaba abierta. El aire, frío y húmedo, se colaba a través de la ventana, agitando las cortinas. El hombre estaba sentado frente a un maltrecho escritorio de madera, escribiendo con furia en un papel. Mientras garabateaba, su cabeza se balanceaba al mismo tiempo que su mano. La mesa estaba salpicada de motas de tinta. En el alféizar de la ventana apareció una pincelada de color verde, que empezó a extenderse lentamente. Por un momento, la joven fue incapaz de moverse. Aquel color, intenso y brillante, la hechizó; sólo era capaz de admirar cómo el verde adoptaba la forma de una tentadora manzana. El muchacho tachó con rabia algo en el papel, reemplazándolo con una nueva palabra. La manzana se tornó roja. Aquel cambio la hizo reaccionar: entró, veloz y silenciosa, en la estancia. A pesar de que no había hecho ningún ruido, el hombre se giró para observarla. Parecía enfermo: su frente estaba perlada en sudor, bajo sus ojos verdes había unas marcadas ojeras púrpuras, y tenía la boca entreabierta, respirando agitadamente.

- ¿Quién eres?- preguntó con apatía.
- Soy tu contrario, soy tu enemiga.- dijo ella, serena.

Él la miró fijamente. No parecía sorprendido o asustado. "No entiende nada," pensó la cazadora.

- ¿Vas a matarme?

Ella no respondió.

- Por favor.

No estaba rogando por su vida, estaba suplicando por su muerte.

- Por favor, hazlo.- repitió.- No sé cómo aliviar mi alma. Siento algo... quemándome por dentro, estoy desesperado. No puedo soportarlo más, sólo quiero que acabe de una vez. Si eres mi enemiga, entonces mátame. No quiero sufrir más.

Ella asintió y agarró la negra guadaña que ocultaba bajo su capa. Pero mientras lo hacía, no pudo evitar dedicar un último vistazo a la manzana, roja y seductora, que yacía en el alféizar. Él siguió su mirada y la vio: la apetitosa manzana, de color granate, que él mismo acababa de describir. Sus ojos se abrieron con incredulidad.

- ¡E-espera!- gritó, retrocediendo.- ¿Yo he creado eso...?

La mujer asió con fuerza la guadaña y avanzó tres pasos. El hombre tenía los ojos clavados en la manzana, incapaz de articular palabra o de moverse.

- Estabas haciéndolo todo tan fácil... -dijo ella, furiosa.- No compliques las cosas.
- ¡Espera!
- La muerte no espera a nadie.- replicó.
- ¿La muerte? ¿Tú eres la Muerte?- preguntó, susurrando.- ¡No, imposible! Dijiste que eras mi contrario, y yo no soy...- sus ojos volaron hasta el alféizar.- No...
- Sí, lo eres. Y...
- ¿Quién soy yo?- gritó, histérico, sujetándose la cabeza con ambas manos.
- Sabes quien eres.
- ¡No! Sólo recuerdo la necesidad de escribir, tan importante como comer, beber o respirar. Pero nunca me siento satisfecho... me siento vacío, y al mismo tiempo, lleno de una enorme cantidad de...
- ¡Para!- ordenó ella.- Tengo que matarte, no hay ninguna otra posibilidad.
- Puedo... ¡puedo crear algo para ti! Cualquier cosa que desees, puedo hacerlo. ¿Quieres poder? ¿Dinero? ¿Fama? Lo que sea.
- No hay trato. No me arrepentiré de lo que estoy a punto de hacer pero lamento la penosa e incompleta existencia que has tenido. Adiós, mi pesadilla.

La afilada hoja de la guadaña osciló en el aire tan sólo un segundo. No hubo ningún sonido: ni gritos, ni ruido de huesos rotos. Tampoco hubo sangre. La joven pasó por encima del cuerpo sin vida y se aproximó al escritorio. Contempló la manzana. Por un lado, la deseaba... pero por otro, la temía. Y el miedo era más poderoso que el deseo. ¿Por qué el terror no desaparecía? ¡Él estaba muerto! Cogió las páginas escritas que cubrían el caótico escritorio, los libros y cualquier cosa que estuviera escrito con su letra. Tenía que destruirlo todo. Tal vez, después de eso, el miedo se desvanecería. Sin embargo, mientras abandonaba la habitación, estaba segura de que las pesadillas no terminarían.

2 comentarios:

mcaine dijo...

Qué gran verdad!!! Las traducciones suelen diluir la esencia del relato. Yo lei "La isla del teroso" de Robert Louis Stevenson original y traduccido cambia un abismo sobretodo en la forma de expresarse.

Aunque soy un desastre en inglés y tardo el triple o cudriple en terminar de leer un relato y un libro. Has hecho bien en colgarlo en español que sino me desespero xDDD.

Por cierto, el relato en tu línea de intriga y misterio. Ya estas especializada en el género o es pura casualidad?

Pasalo bien y cuidate por esos lares. Nos vemos un mediodía!!! xDDDD

Energeia dijo...

Es pura casualidad xD Me ha dado por ahí, y me gusta xD
Gracias por leerlo, Gabeiras ;) En serio, te lo agradezco muchísimo. Y el comentar, también te lo agradezco ^^