martes, diciembre 17

Quemaba más que el sol

Se trataba de un ángel incandescente, de piel color crema aún más suave que la seda y cabello largo, espeso y ardiente como un fuego luminoso en mitad de la noche. ¿Sus alas? Nunca las vi. Me gustaba creer que eran invisibles a ojos de los mortales, aunque el fondo sabía que debía de haberlas perdido. Sus ojos estaban llenos de luz y de una ingenuidad triste difícil de comprender. Semana tras semana, sentada junto a una ventana en el comedor del hospicio, me maravillaba al observarla allí abajo en la calle aterida de frío bajo una manta rasposa, haciendo calle frente a la puerta de la mugrienta barraca que era el burdel del barrio, con cara de perdonarle al destino las circunstancias que la habían llevado hasta aquel lugar. Por las tardes, cuando el sol bajaba y teñía de dorado, cobre y carmín el cielo y las fachadas de los edificios, los viandantes se detenían prendados a contemplar cómo su melena se prendía en una llama refulgente que incluso parecía irradiar calor. Algunos se enamoraban fugazmente de su belleza y se acercaban al prostíbulo con las monedas ya en la mano, y ella incluso sonreía con timidez a aquellos que se la llevaban del brazo sin apretarle demasiado, escaleras arriba.

[Imagen por TheNightSheDied]

lunes, diciembre 16

Pietro

Tu pétrea desnudez es inmutable a las inclemencias de la vida; al hambre, a la soledad, al frío y a la desgracia. Marmórea, de relieves duramente cincelados, está dominada por unos ojos de granito tan inconmovibles como tu corazón, de roca maciza y sin oquedades por las que se puedan filtrar emociones. Tus manos de piedra, conquistadoras, no conocen titubeos, y tus labios son capaces de imponer sobre los míos tu férrea voluntad con un único beso. Soberano del mundo y de estas sábanas aun calientes, el sol se erige, al igual que yo, como tu siervo cada amanecer. Inmóvil junto a la ventana, como la efigie de un dios inmisericorde de las pasiones más oscuras, esbozas una sonrisa tan efímera como un latido y absolutamente devastadora.

[Imagen por hoooook]

miércoles, noviembre 27

El peor instinto

Su mirada era escalofriante, fría y afilada como la hoja de un puñal, desapasionada e indiferente como la de un ser sin vida. El Emperador se arrodilló a sus pies esforzándose por controlar los temblores y depositó sobre el altar las cabezas cortadas, todavía manchadas de sangre húmeda, de sus enemigos. El demonio apenas les dedicó un breve vistazo antes de volver a clavar en él sus pequeñas pupilas negras. Al Emperador se le secó la boca, se le congeló el aire en los pulmones y le empezaron a sudar las manos. Como siempre, para él nunca era suficiente. El ser extendió la mano, se mojó los dedos en la sangre y se los llevó a la boca para saborearlos sin inmutarse.
- Por supuesto, te traeré más... Buscaré nuevos enemigos, los mataré y cortaré sus cabezas para ti... Pronto tendrás más sangre que degustar...

Tras la puerta entornada, un niño de nueve años observaba a su padre dejar los cueros cabelludos de los últimos prisioneros de guerra encima de un altar vacío, delante de un espejo. El príncipe contuvo una arcada cuando vio al Emperador probar aquella sangre sucia y sonreír de forma demencial.

[Imagen por hoooook]

miércoles, noviembre 13

Reducido a cenizas

Cuando estaba despierto me costaba recordar sus rostros, pero en sueños se dibujaban delante de mí con total nitidez. Mi madre solía aparecer llorando y mi padre diciéndome adiós con la mano. La tristeza en sus miradas era como un puñal que se me clavaba en el corazón, tan imposible de soportar que acababa despertándome presa del llanto. Pero nada de aquello había sucedido realmente; la verdad era que yo tenía las manos manchadas de sangre y un arrepentimiento indeleble que me acompañaría durante toda la vida.
El mago roncaba suavemente desde su carromato. El viento había corrido la cortina le daba intimidad y pude verlo a través de mis lágrimas, tapado con dos mantas y durmiendo sobre un colchón de paja. Apreté los dientes con furia y como cada mañana, mi primer deseo fue saltar sobre él y estrangularlo con mis propias manos. Pero aquel deseo, también como cada mañana, hizo que me avergonzara de mí mismo. Esa vergüenza por ansiar venganza provocaba en mí una repulsión inevitable al saberme incapaz de matar al hombre que me retenía en contra de mi voluntad y que había sido, en parte culpable, de la muerte de mis padres. El otro responsable... era yo.
Dormido parecía inofensivo, un don nadie desaseado vestido con ropa andrajosa y poseedor de un maltrecho carromato. Si se le observaba haciendo tratos con la gente se podía pensar que era un vendedor hábil al que se le daba bien engatusar a las personas, pero en realidad se trataba de un hombre despiadado y egoísta sin ningún tipo de escrúpulos a la hora de conseguir su objetivo. Debido a sus engaños y a mi estupidez, yo me había quedado huérfano y él había logrado tenerme a su lado. Apenas me alimentaba, me hacía dormir en el suelo y a la intemperie, no se comunicaba conmigo salvo si era estrictamente necesario, me llevaba siempre encadenado y pagaba conmigo su malhumor, primero con latigazos y después con comentarios hirientes al darse cuenta de que los golpes ni siquiera arañaban mi dura piel. Y aunque su desprecio y sus palabras dolían, lo que realmente me hacía daño era el remordimiento que pesaba sobre mi conciencia.
"Pobre desgraciado. Mírate... la única maldición que pesa sobre ti es la de ser un estúpido ignorante, porque lo que intuyo que posees es un don del que yo voy a sacar provecho y que posiblemente podría haber salvado a tus padres. Puedes culparme de su muerte, pero tú también has sido partícipe en su asesinato."
Eso fue lo que me dijo frente al incendio, con los cadáveres carbonizados de mis padres a sus pies, la misma noche en que decidí fugarme a escondidas para poder curar mi maldición y ser normal, como todos los demás. Y aunque aquellas fueron las palabras que supusieron mi verdadera condena, también fueron mi salvación: yo maté a mis padres por ignorancia, pero no volvería a cometer el mismo error.

[Imagen por designani]

martes, noviembre 12

We are broken

We Are Broken

I am outside
Estoy fuera
And I've been waiting for the sun
Y he estado esperando al sol
And with my wide eyes
Y con los ojos bien abiertos
I've seen worlds that don't belong
He visto mundos que no son de aquí
My mouth is dry
Mi boca está seca
With words I cannot verbalize
Con palabras que no puedo pronunciar
Tell me why we live like this
Dime por qué vivimos así

Keep me safe inside
Mantenme segura dentro
Your arms like towers
Tus brazos como torres
Towering over me 
Elevados sobre mí

'Cause we are broken
Porque estamos rotos
What must we do to restore
Qué podemos hacer para restaurar
Our innocence
Nuestra inocencia
And oh, the promise we adored
Y esa promesa que adorábamos
Give us life again
Danos la vida otra vez
'Cause we just wanna be whole
Porque solo queremos estar completos

Lock the doors
Cierra las puertas
'Cause I'd like to capture this voice
Porque me gustaría capturar esta voz
That came to me tonight
Que vino a mí anoche
So everyone will have a choice
Para que todo el mundo tenga una oportunidad
And under red lights
Y bajo luces rojas
I'll show myself it wasn't forged
Me demostraré a mí misma que no es falsa
We're at war, we live like this
Estamos en guerra, vivimos así

Keep me safe inside
Mantenme segura dentro
Your arms like towers
Tus brazos como torres
Tower over me
Me sobrepasan

'Cause we are broken
Porque estamos rotos
What must we do to restore
Qué podemos hacer para restaurar
Our innocence
Nuestra inocencia
And oh, the promise we adored
Y esa promesa que adorábamos
Give us life again
Danos la vida otra vez
'Cause we just wanna be whole
Porque solo queremos estar completos

Tower over me
Me sobrepasan
Tower over me
Me sobrepasan
And I'll take the truth at any cost
Y conseguiré la verdad a cualquier coste

'Cause we are broken
Porque estamos rotos
What must we do to restore
Qué podemos hacer para restaurar
Our innocence
Nuestra inocencia
And oh, the promise we adored
Y esa promesa que adorábamos
Give us life again
Danos la vida otra vez
'Cause we just wanna be whole
Porque solo queremos estar completos

Esta es la canción que me inspiró la idea de la novela sin nombre cuyos protagonistas son Siane y Valier, de ahí que la etiqueta de los relatos que he subido sobre ellos se llame We Are Broken. Espero que os guste la canción y la letra =)

miércoles, octubre 9

Hijo de la montaña

Mi padre tenía el semblante cansado. Todavía le quedaba esa arruga en la frente que aparecía cada vez que le dolía la pierna mala y que se hacía más profunda cuando mi madre dejaba de observarlo. Sentado frente a la chimenea, se secaba los pies y calentaba las manos manchadas de barro. Los días de lluvia eran los mas difíciles para su vieja herida: nunca trabajaba cuando hacía mal tiempo y ni siquiera podía caminar sin cojear. Por eso mi madre lo había acompañado a la entrada del bosque y lo había ayudado a tirar del carro hasta casa.
- Cuando el carro se ha quedado encallado en el barro, una rueda se ha roto.- me dijo.- ¿Crees que podremos repararla mañana?
Asentí con entusiasmo y él sonrió.
Mi madre, con la ropa mojada y la melena rubia aun más, dejó un barreño de agua a los pies de mi padre para que se lavara las manos.
- Valier, ayúdame a guardar la comida.
Me levanté de un salto y la seguí hasta la cocina. Me gustaba ayudar y siempre lo hacía con gusto, porque formaba parte de mi naturaleza, ya durante mi infancia, el preocuparme por el prójimo. En aquel momento yo tenía ocho años y mis padres me habían confesado recientemente que me encontraron abandonado en el bosque siendo un bebé, y desde entonces me preguntaban a menudo cómo me sentía. Aquel descubrimiento, sin embargo, no fue un duro golpe para mí. Yo era buena persona, mis padres también y confiaba en la bondad del ser humano. Creía firmemente que si mis verdaderos padres no habían podido hacerse cargo de mí habían debido tener un buen motivo para ello.
La comunicación con mi familia nunca fue un problema. Mis padres inventaron un sencillo lenguaje de signos que se volvía más complejo a medida que yo iba creciendo. Mis necesidades comunicativas no eran las mismas con cinco años que con siete y yo mismo iba creando nuevos gestos conforme los iba precisando. Mis padres siempre se esforzaron por hacerme ver que mi mudez no era algo malo ni tampoco un obstáculo para el entendimiento con otras personas, al igual que el resto de mis peculiaridades.
Tras guardar las provisiones en la despensa, ayudé a mi madre a hacer la cena. Y una vez que estuvo preparado el guiso, los tres nos sentamos a cenar junto al fuego.
- Espero que mañana haya parado de llover.- gruñó mi padre mientras removía la comida en el cuenco.- En tres días tengo que entregarle el cargamento a Tulé y si el tiempo sigue así tendré que contratar al mozo de Raol.
Mi madre frunció los labios al oír aquello. Yo levanté la mano, ofreciéndome voluntario.
- Ya te he dicho muchas veces que todavía eres demasiado pequeño, Valier.- negó él.
Me toqué el brazo y la cabeza.
- Por muy fuerte y grande que seas.
- Pues más te vale rezar esta noche para que mañana amanezca soleado, Gallart, porque si contratas al chico no sé con qué dinero vamos a comer la semana que viene.- replicó mi madre.
Él gruñó otra vez antes de seguir comiendo.
Mi madre suspiró, y al levantar la mirada de su plato la fijó en la ventana. Sus ojos se entrecerraron primero y se abrieron con alarma después.
- Valier, vete a la cocina.
Yo fruncí el ceño, sin comprender por qué.
- Hazme caso, vete ya.
Mi padre se incorporó rápidamente y me hizo un gesto apremiante para que obedeciera. Mientras me marchaba del salón pude atisbar una sombra que se aproximaba por el sendero en dirección al porche, antes de escuchar unos golpes en la puerta. Mi padre preguntó quien era y tras una respuesta que no alcancé a oír, la puerta se abrió y alguien entró.
Mis padres, al contrario que yo, no tenían demasiada fe en el buen corazón de la gente desconocida y me obligaban a esconderme cuando alguien se acercaba o nos visitaba. Yo no era tan ingenuo como para preguntarme la razón: me bastaba con mirarme al espejo para comprenderlo.
- Muchas gracias por cobijarme.- dijo una voz masculina y ronca en el salón.- La tormenta arrecia y me resultaba imposible seguir refugiándome en el bosque.
- Siéntese frente al fuego y caliéntese.- le indicó mi madre.- Deme su capa, la colgaré para que escurra el agua. Siento no poder ofrecerle nada de comer, pero la cena se nos ha acabado ya.
- No importa.
Mi madre entró en la cocina para tender la capa del extraño y me hizo un gesto de silencio antes de regresar junto a mi padre.
- Me llamo Gallart y esta es mi esposa Merine, señor. ¿Cómo se llama?
- Mi nombre es D'arteill, buenos señores. Soy mago de oficio.
Aquellas palabras despertaron mi curiosidad con un cosquilleo. Pegué la espalda a la pared para escuchar mejor.
- Nunca se han visto magos por aquí.- observó mi padre.
- Los de mi profesión no solemos alejarnos de los caminos, señor. Viajamos de ciudad en ciudad ofreciendo nuestros servicios. Si me encuentro hoy aquí es porque hace un par de días, en una posada, me dijeron que en este bosque crecen unas hierbas muy raras y difíciles de encontrar. Dichas plantas brillan durante la noche, pero llevo buscando desde la caída del sol y no he conseguido dar con ellas. Me temo que lo que me dijeron no es más que un bulo.
- La gente en las posadas y en las tabernas tiene la lengua muy larga. Por cada cinco palabras dos son mentiras.
- Tiene usted mucha razón. ¿Quieren saber que otra invención me contaron?
- Las historias siempre son bien recibidas. 
- Un hombre aseguró que en este bosque vive un monstruo. Un engendro que anda sobre dos piernas, como los hombres, y tiene también dos brazos y una cabeza con ojos, nariz y boca. Su tamaño es grande, sus extremidades fuertes y su piel es de roca. Como si se tratase de un hijo de la montaña.
- Una historia magnífica, pero falsa. Le aseguro que en todos los años que llevo cortando leña en este bosque nunca he visto tal criatura.
- Debo reconocer que no me creí semejante cuento, pero una parte de mí se preguntó si realmente podría existir alguien así.
- A mí me suena a leyenda.
- Desde luego. Pero sabe, como mago he visto cosas que usted no creería a menos que las viera con sus propios ojos. Muchas de ellas pasarían como invenciones absurdas, meros entretenimientos, en cualquier posada o taberna. Y sin embargo, existen. No son seres fantasiosos, sino seres humanos que han sido víctimas de maldiciones o magia negra. Es complicado, y a veces imposible, curarlos. Pero yo soy de los que piensan que no se pierde nada por intentarlo.
- Eso le honra.
- Gracias.
- Es tarde, señor D'arteill, y mi esposa y yo tenemos que acostarnos ya. Puede quedarse a pasar la noche aquí. Merine, trae una manta para nuestro invitado.
Mi madre apareció de nuevo en la cocina y me dijo que subiera arriba por la escalera de atrás. De camino al dormitorio, fui incapaz de dejar de pensar en lo que aquel mago había dicho: en que quizá existiera una cura para mí que me permitiría ser una persona normal y corriente que no necesitara esconderse nunca más.

[Imagen por NegativeFeedback]

martes, octubre 8

Maldito

Desde el mismo día en que nací estuve marcado por el destino. Mis padres buscaron a los sanadores, curanderos, brujos y adivinos más reputados con el fin de hallar respuestas y soluciones a mi condición, pero sólo consiguieron perder dinero y tiempo viajando en balde de un sitio a otro: mi maldición parecía tan inexplicable como imposible de romper. La superstición y el miedo no tardaron en hacer mella en el resto de aldeanos, que entre piedras y amenazas obligaron a mis padres a marcharse de su hogar y huir como proscritos. Tras meses de camino en busca de un lugar donde no los repudiaran, mi madre no pudo soportar por más tiempo la pena y la vergüenza y acabó quitándose la vida. Mi padre, dolorido y furioso, me culpó a mí de su muerte. Y quizá sea cierto que yo fui el causante de su desgracia. Me abandonó en un bosque y me dio la espalda sin atisbo alguno de arrepentimiento.
El destino me había señalado, sí, pero no me había dejado desprotegido ante su crueldad: una mujer, esposa de un leñador solitario, me encontró y me recogió. Nunca supe por qué lo hicieron, por qué mi aspecto no los asustó o por qué mi mudez no les intimidó. Ya apenas recuerdo sus caras, pero el amor que me hicieron sentir mientras estuve con ellos sigue siendo el único afecto que he sentido a lo largo de mi vida. Supongo que al igual que mi sino era ser temido, el de ellos fue ser compasivos. Cuidaron de mí, me criaron como a un hijo y me pusieron un nombre: Valier.

[Imagen por NegativeFeedback]