sábado, agosto 27

Carta para ti (4)

Hoy en sueños me visitó la suavidad de tus alas, y al abrir los ojos con el sol me descubrí besándote una a una las plumas con las que me envolvías el cuerpo y el alma.
Ha pasado ya mucho tiempo. Tanto, que se me había olvidado que te conocía. He dado vueltas y vueltas como una idiota en un circuito cerrado, buscando y anhelando algo que no pertenecía al mundo terrenal. He perseguido el amor fuera de mí sin acordarme de que ya me habías firmado el interior con la fecha de llegada y sin fecha de salida, he intentado ver en las miradas de los demás una similitud con aquellos ojos que en su momento me juraron la más leal de las fidelidades.
Micro climas a flor de piel. Tiritar, aunque no de frío, cuando te veo llegar. Sofocos intermitentes, como fiebres exóticas, que me aceleran el pulso y la respiración, que me hacen suspirar y crear ínfimos huracanes con los que bailan las partículas que llenan el poco espacio que nos separa. Vendavales de alientos robados de los que nos alimentamos mutuamente. Tormentas de besos, gemidos eléctricos y rayos diminutos que me serpentean sobre la piel con un calambrazo de placer, tatuándome un patrón de fe de la que ahora soy firme creyente. Humedades... humedades en las cumbres, y humedades en los bajos pantanosos. Humedades sudadas y resbaladizas, humedades de olor penetrante, humedades de perfume a lluvia impregnada en tu pelo.
La resignación empujó las estaciones y borró el rastro de aquella promesa desoída. Y yo me olvidé de ti.
Te busqué en unos y en otros, en otros lugares y sitios, en dogmas y propósitos, desesperanzada al pensar que tal vez habías sido sólo un bonito sueño, una ilusión ingenua, un deseo inexperto. Llegando a pensar que no existías y que mi creencia era fruto de una locura soñadora, ensimismada, que concedía demasiada veracidad a sus propias fantasías.
Menos mal... que tú no te habías olvidado de mí, y ahora caes del cielo a mi lado como un regalo divino, como una deuda kármica que no sé si podré saldar algún día. Sin embargo, me da igual hipotecar mis futuras vidas si ahora puedo decirte que te quiero todos los días.

1 comentario:

InfusionDeLotoNegro dijo...

Maravillosa misiva enviada a tu Ángel, ; )
Sin embargo, me da igual hipotecar mis futuras vidas si ahora puedo decirte que te quiero todos los días. (Eso es precioso, llámalo por teléfono y se lo susurras al oído corre, corre)