lunes, agosto 16

Addicted

Nunca me había sentido adicta.
A nada.
Y pensé que jamás llegaría a saber lo que es realmente la adicción.
No es que solamente que algo te guste mucho.
Que te encante.
Que te vuelva loco.
Tampoco es simplemente que no puedas vivir sin ese algo.
O que lo eches de menos.
Ni siquiera que lo eches muchísimo de menos.
No...
Se trata de saber que eres incapaz de abandonarlo a pesar de suponer un efecto negativo para ti.
¿Por qué?
Porque el subidón es demasiado poderoso.
Porque compensa la abstinencia.
Porque con tal de volver a experimentarlo merece la pena esperar y esperar.
Porque con tal de volver a sentirlo todo merece la pena.
Incluso el mal que se hace uno mismo.
Y ahora me pregunto qué demonios estoy haciendo.
Me pregunto dónde quedó mi sentido común y mi promesa de no hacerme daño.
Busco en otros el subidón que siento a tu lado.
Busco en otros las alas con las que me haces volar.
Y no estoy completamente segura.
No sé si lo hago por mí.
O si lo hago para encontrar un sustitutivo.
Y vuelvo a preguntarme qué es lo que me estoy haciendo.
Por qué no te digo adiós.
Por qué me resulta tan sumamente difícil.
Por qué lloro con tu canción.
Por qué me acurruco en el interior de tu camiseta.
Por qué el recuerdo de tu risa me hace sonreír como la más estúpida de las estúpidas.
Y me doy cuenta de que realmente lo soy.
Y cierro los ojos rogándole a mi cordura que regrese de las vacaciones que se ha tomado sin mi permiso.
No, nunca pensé que experimentaría la adicción en mi propia piel.
Hasta que apareciste tú.

1 comentario:

Carlos dijo...

Las adicciones son así, ¿no? Si fuese fácil librarse de ellas, o si no nos hicieran daño, no serían adicciones.
Pero al final... Al final, con el tiempo, el mono acaba yéndose y el olvido se come el dolor. ¿No dicen que el tiempo cura todas las heridas?

Respecto a Iasade solo puedo decir... *_*

Un beso