domingo, mayo 10

Phantom Detective (capítulo tres)

Siguiente capítulo. Como el martes me iré de Stirling, y no sé si podré traducir y subir el cuatro antes (más bien digo desde ya que no tendré tiempo), hasta que no vuelva no colgaré más. Tardaré seis días aproximados en llegar.


Cuando Leah llegó a su apartamento estaba cansada, el pelo le olía a polvo y los números y letras que diferenciaban unos archivos de otros aún seguían bailando delante de sus ojos.

- Necesito un baño caliente, Simon.- murmuró.- ¿Puedes ir llenando la bañera?

El fantasma asintió y atravesó el muro que separaba el salón del cuarto de baño. La muchacha se arrastró hasta su dormitorio y se tumbó boca arriba en la mullida y enorme cama de matrimonio que ocupaba el centro de la habitación. Se sacó las botas empujando con los talones, se quitó el jersey y los pantalones de forma descuidada, arrojándolos al suelo de cualquier manera. Cogió el pijama de debajo de la almohada y semidesnuda, se dirigió al baño donde Simon vigilaba el agua de la bañera.

- ¿Necesitas algo más?- preguntó, solícito.
- No, gracias.

Leah terminó de desvestirse y se metió despacio en la bañera, llena de agua casi hirviendo. Simon la contemplaba desde encima del váter, en silencio, pero a ella no le molestaba que la viera desnuda. Llevaban ya trece años juntos, y ya hacía mucho tiempo que se había acostumbrado por completo a su presencia. Simon aparentaba dieciséis años, pero incluso ahora que ella era físicamente mayor que él, seguía sintiéndose más pequeña. Siempre que lo miraba recordaba la primera vez que se vieron y lo grande, aterrador y extraño que le pareció entonces. En el momento de su muerte había tenido su rubio cabello cortado a tazón, a la altura de lasorejas, y sus expresivos ojos habían sido de color verde. Había llevado una camiseta de cuadros azules y blancos, un tanto antigua y sucia, y unos pantalones vaqueros demasiado anchos para él. Pero ahora que era un fantasma, lo que quedaba de él era tan sólo una versión en escala de grises de quien había sido en vida.

El agua caliente y el agradable olor del gel de baño y del champú le hicieron sentirse mejor. Hundió la cabeza en el agua hasta que sólo sus ojos quedaron al descubierto. Dejó la mente en blanco por unos segundos, pero a sus pensamientos no les gustaba quedarse estancados e irremediablemente tomaron la dirección que ella prefería evitar: Mark Green. Simon tenía razón en una cosa: era un hipócrita. Pero era un hipócrita con mucho talento. Durante la mañana que había pasado en el almacén recolocando carpetas y archivos, había descubierto que su nombre aparecía en muchos de los casos de los que se había encargado el departamento de Homicidios y que la gran mayoría de ellos eran casos cerrados con éxito. Tal vez aprender y trabajar con él compensaran en cierto modo sus injusticias.

Leah se demoró en la bañera hasta que el agua se volvió tibia y se le arrugaron las yemas de los dedos. Se envolvió en un suave albornoz de color turquesa y tras secarse y ponerse el pijama, salió del baño con el cabello mojado sobre los hombros. Simon la siguió al comedor flotando silenciosamente detrás de ella. El cielo estaba, como era habitual en aquel país, cubierto de nubes grises. A través de las ventanas la ciudad encendía ya las farolas y las luces despertaban en los apartamentos vecinos. La noche en Edimburgo era muy luminosa.

- Leah, tienes un mensaje.- dijo entonces Simon.

El fantasma tenía razón: la luz naranja del teléfono parpadeaba.

- ¿Quién será?

Una voz que reconoció fácilmente le habló a través del aparato cuando Simon apretó el botón. “¡Leah Meyer! ¿Cuándo pensabas dignarte a llamarme, eh? Desde que has llegado me estás dando esquinazo, ¡pero eso se acabó! Te recuerdo que sé donde vives, así que esta noche a las nueve me pasaré a recogerte y no acepto un "no" por respuesta. Iremos a ver una película y a tomar algo, así que no hace falta que deslumbres. ¡Hasta luego!”
Leah y Simon se miraron y dijeron al mismo tiempo “Emma”.

- Se sentirá en el deber de cumplir con su papel de anfitriona.- murmuró el fantasma.- Es la única persona que conoces en Edimburgo.
- No me apetece salir.- repuso ella, abriendo la nevera y sacando dos huevos y un paquete de queso rallado.
- ¿No vas a ir?
- Va a venir a por mí, así que no me queda más remedio. ¿Tú qué harás?

Aquella pregunta siempre hacía sonreír a Simon.

- Yo también saldré a dar una vuelta.- dijo con tono burlón.- Los fantasmas de Edimburgo tienen fama de juerguistas, tal vez podamos asustar a alguien.

Leah también sonrió. Batió los huevos y se hizo una tortilla de queso. La cocina estaba incluida dentro del amplio comedor. Como las demás habitaciones del apartamento, tenía el techo muy alto. El salón tenía las paredes pintadas de un suave y cálido tono ocre y el suelo de madera, que era común al resto de la casa. Tenía varias estanterías todavía vacías, dos sofás, una mesa con cuatro sillas, un equipo de música y una pequeña televisión. Encendió la radio y se recostó en el sofá con el plato de comida sobre las rodillas. Aún le quedaban unas cuantas horas para relajarse y descansar antes de que Emma llamara a su puerta.


Emma fue puntual y el portero automático sonó justo cuando Leah terminaba de calzarse las botas. Simon se había marchado hacía escasos minutos, así que no se tuvo que despedir de nadie al salir del apartamento enfundada en su abrigo y con el bolso colgado del hombro. Emma la esperaba impacientemente junto al portal del edificio, y se lanzó sobre ella con un grito y los brazos extendidos nada más verla salir. Leah estuvo a punto de perder el equilibrio y caerse, pero la efusividad de su amiga le hizo sonreír.

- ¡Leah!- exclamó.- ¡Estás genial! Dios mío, pareces mayor. En serio, estás muy guapa, ¡impresionante!
- Gracias, pero creo que exageras.- respondió ella.- Tú también estás muy bien, Emma.

Y no lo decía por cumplir. Había conocido a Emma hace ya unos cinco años, cuando ella había viajado a Boston como estudiante de intercambio a su instituto. Había cambiado desde entonces, pero seguía siendo muy guapa: tenía el pelo muy largo, rubio platino y natural, los ojos grises y unos labios muy sensuales. Trabajaba como modelo y ganaba mucho dinero, por lo que siempre llevaba ropa muy cara. Pero era buena persona y a pesar de la distancia y del tiempo, no habían descuidado su amistad. Le dedicó una sonrisa deslumbrante, la cogió de la mano y tiró de ella.

- Ven, rápido. Tengo el coche en doble fila. ¡Y dime! ¿Qué tal? Bueno, no, mejor me cuentas luego, ¡quiero detalles!

El coche de Emma era un Honda Civic de color negro brillante aparcado con el intermitente puesto a la vuelta de la esquina, frente a la cafetería The Hiding Place. Leah distinguió a varias personas en el interior del automóvil, y cuando se sentó en el asiento del copiloto, vio a dos chicos y una chica en la parte de atrás, riendo a carcajadas. Emma arrancó el coche y dejó atrás su calle.

- Chicos, ésta es Leah. Leah, ellos son, de izquierda a derecha, Callum, Stuart y Helen.

Leah les saludó tímidamente desde delante y ellos le respondieron el saludo con una sonrisa. Emma encendió la radio y subió el volumen de la música, mientras conducía casi a la carrera por las calles de Edimburgo. Leah desconectó un instante y se limitó a observar las luces de los altos edificios que pasaban rápidamente a través de la ventana del automóvil, desdibujados y convertidos en poco más que manchas borrosas. A pesar de que no le había apetecido salir, ahora se alegraba de que Emma la hubiera obligado.

Emma los llevó a un cine en el centro de la ciudad, un enorme edificio cuyas paredes exteriores tenían anuncios publicitarios y luces de llamativos colores. La película no fue nada del otro mundo, pero al menos estuvo entretenida y le hizo reír. Emma parecía alegrarse bastante de verla de nuevo y durante los pocos minutos previos a entrar a la sala de proyección, la avasalló a preguntas de todo tipo. Sus amigos eran simpáticos y agradables; mostraron interés por todo lo que ella contaba y se sorprendieron mucho cuando se enteraron de que ya había terminado de estudiar y trabajaba como agente de policía. Cuando la película terminó, los amigos de Emma se marcharon; había una fiesta en cierta discoteca importante para la que Emma les había conseguido entradas. Leah intercambió con ellos su número de teléfono y los despidió calurosamente cuando cogieron el autobús.

- Emma, si quieres ir con ellos, por mí puedes. No me importa, de verdad, puedo volver a casa en taxi.
- No he terminado contigo aún, Leah.- rió ella, cogiéndola del brazo.- ¡Todavía no hemos podido hablar largo y tendido! Tomaremos algo, hablaremos e intentaré convencerte de que vengas conmigo a la fiesta.
- Te digo desde ya que no vas a conseguirlo. Mañana trabajo y tengo que madrugar. Además, estoy cansada.
- Bueno, ya veremos.

Emma la llevó a un bar cercano donde ponían música jazz. Las paredes, mesas y sillones eran negros, pero las luces eran de un intenso color blanco, al igual de los cojines y los cuadros que decoraban el local. Leah esperó mientras su amiga intercambiaba unas palabras con uno de los camareros y después la guió a una mesa para dos cerca de las escaleras que bajaban a los servicios.

- ¿Te gusta el sitio?- preguntó una vez acomodada, repiqueteando con los dedos sobre la mesa.
- Es genial. Veo que recuerdas que me gusta el jazz.
- Tengo buena memoria.- dijo ella, con un guiño.- ¿Aún sigues tocando el saxofón? En el instituto lo hacías de maravilla.
- Sí… aunque hace mucho que no lo toco.

El camarero con el que Emma había hablado antes se les acercó con una bandeja bajo el brazo. Les tomó nota con aire profesional y preguntó a Emma por su trabajo, a lo cual ella contestó entre sonrisas y con cierto ademán coqueto. Leah ya se había dado cuenta de que su amiga tendía a flirtear cuando trataba con el sexo opuesto, y se preguntaba si lo hacía a propósito o de forma inconsciente. Sin embargo, lo hiciera por el motivo por el que lo hiciese, la cuestión es que conseguía resultados eficaces y en unos pocos minutos Emma obtuvo el gintonic que había pedido y ella su cerveza.

- Bueno, ahora cuéntame con más detenimiento.- dijo, tras dar el primer sorbo a su bebida.- ¿Qué te parece Edimburgo?
- Me gusta mucho, es una ciudad preciosa.- respondió Leah, sonriendo.- Me parece increíble, todo es tan impresionante… cada calle, cada rincón… no sé, es mágico. Se puede sentir el peso de la Historia sobre los edificios. Aunque me temo que cualquier norteamericano se quedaría tan prendado como lo estoy yo.- rió.- Estados Unidos apenas tiene Historia.
- Tiene otros atractivos, sin embargo.- observó Emma.- Me alegro mucho de que te guste. Me tienes que invitar un día a tu apartamento, tengo curiosidad por ver cómo es.
- Estoy muy contenta con él, y no me sale excesivamente caro.
- Ah, y si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírmela, ¿de acuerdo? Incluso mis padres se han ofrecido a ayudar, en caso de que te falte dinero… o lo que sea.
- Os lo agradezco mucho, pero no tienes que preocuparte por mí.
- Sí, sí, ya sé que puedes cuidar de ti misma. No hay nada más que verte… ¡agente de policía! ¡A los diecinueve años!- sacudió la cabeza, sonriendo.- Lo tuyo sí que es impresionante, Leah. Recuerdo que desde que te conocí, siempre has tenido esa obsesión con ser policía… y nunca lo he entendido, si te soy sincera.
- Digamos que me aporta… satisfacción moral, eso de atrapar a los malos.

Emma rió.

- ¿Se portan bien contigo en el trabajo?
- Supongo… que sí.- respondió sin mucha convicción. Emma enarcó las cejas.- Mi compañero no lleva muy bien el que yo sea tan joven.
- ¿Tienes un compañero?- preguntó ella, con los ojos muy abiertos.- ¿Por qué no lo has dicho antes? ¿Cómo se llama? ¿Es guapo?

Ahora fue su turno para reír.

- ¿Eso es todo lo que te importa? ¿Si es guapo o no?
- Por supuesto que no, pero contesta a la pregunta.
- Se llama Mark Green.- suspiró Leah.- Y sí, es guapo. Pero no sé si me cae bien o mal… me tiene confinada en el almacén de la Comisaría, arreglándole el papeleo del que él no tiene ganas de ocuparse. Pero hasta que no tengamos ningún caso, es lo único que puedo hacer. No puedo atender llamadas ni ayudar a los ciudadanos porque nadie me tomaría en serio. Sé que él tiene razón… pero aún así, podría ser un poco más amable.
- Hmm…- Emma frunció los labios.- ¿Y está casado?
- ¡Emma!
- Bueno, vale. ¿Tiene novia?
- ¿Te crees que eso es lo primero que le pregunto a la gente cuando la conozco?- replicó.- Pues no lo sé, ni me interesa. Y tampoco sé cuántos años tiene, por si era lo siguiente que pensabas preguntar.
- ¿Tan evidente soy?
- Sí.

Terminaron sus bebidas mientras hablaban de temas, afortunadamente para Leah, menos espinosos. Emma también le habló sobre su trabajo como modelo: las sesiones de fotos, las ruedas de prensa, las pasarelas y los viajes. Había visto mucho mundo y la entretuvo con historias curiosas sobre los lugares que había visitado. Emma cumplía al dedillo la regla de disfrutar al máximo, de vivir el presente como si no hubiera un mañana, Carpe Diem. Muchas veces era alocada y temeraria, pero a cambio siempre tenía anécdotas que relatar y consejos para situaciones que Leah sólo podía atisbar a imaginar.

Al salir del bar, Emma fue fiel a su palabra e intentó convencerla de que la acompañara a la fiesta, pero Leah estaba cansada y deseando llegar a su piso para meterse en la cama. Había sido un día intenso, en todos los aspectos, y necesitaba dormir. También rechazó el ofrecimiento de su amiga de llevarla en coche hasta casa, y tras prometerle y jurarle que estaría bien y que cogería un taxi allí mismo, Emma se marchó. Le dio un beso, un abrazo y le aseguró que la volvería a llamar pronto y que a la siguiente fiesta, acudiría con ella.

Leah caminó hasta el final de la calle, donde había un punto de parada para taxis, mientras se preguntaba que hora sería; se había olvidado tanto del reloj como del móvil al salir con prisa del apartamento. También se preguntó si Simon habría llegado ya y si había conseguido asustar a alguien esa noche. Esperaba que sí. Levantó la mano para detener un taxi y ocultó un bostezo con la otra. Cuando se subió en el vehículo apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos. Tenía la esperanza de que el día de mañana le deparara alguna sorpresa agradable.

3 comentarios:

Carlos dijo...

Jajaja
Me cae bien esta Emma xD
Cada día me gusta más esta historia, pero a ver si comienzas ya con un caso en toda regla (llenarse de polvo en el archivo e ir a por los cafés no cuenta como misión oficial xD).
Y bueno, pues esperaremos.
Un beso
Carlos

Princess Beia dijo...

Anaaa ya se como kitar lo de undefined!!

En la edicion de entradas, donde te da la opcion de "publicado por ... en ... y fecha", pon la fecha en este formato: lunes, mayo 11, 2009.

Y ya se pone la fecha y se kita el undefined!! ^^

Mi amigo migue me lo ha hecho a mi, ke cielo ^^

Carlos dijo...

Jajaja
Ya sé que es un poco lioso, pero a mí me parece que está bastante bien.
¡Acción! :D
Un beso
Carlos