lunes, mayo 4

Ath y Thysa (capítulo cuatro)

Bueno, aquí tenéis el siguiente capítulo. Es un poco regulerillo, pero es que tengo tantas cosas en la cabeza, tantas ideas y cosas por escribir que estoy saturada.

La casa estaba aparentemente vacía. Ventanas y puertas estaban cerradas, y tan sólo una vela sobre una mesa alumbraba la habitación. Una vela negra. Thysa vio manchas de sangre oscura en las paredes y en el suelo, ya seca, y observó el caótico desorden de la estancia. No se oía nada, ni siquiera el rumor del mar o el respirar de Ruar y sus hijos, que delante de ella se movían cautelosamente por la habitación con las espadas en mano. Thysa no sentía nada, su poder no le daba ninguna pista y eso la hacía sentirse vulnerable. ¿Tal vez se había equivocado?

- ¿Ath?- murmuró, en un tono de voz apenas audible.
- No está aquí, pero está cerca, tal vez viniendo hacia aquí.- respondió él, más fuerte, para que los demás lo escucharan también.- Sería buena idea hacer un reconocimiento rápido. Y no toquéis esa vela.

No perdieron tiempo. Ruar y sus hijos echaron un vistazo alrededor del comedor y la cocina, mientras que Ath le hizo un gesto a Thysa para que lo siguiera al dormitorio. Al empujar la puerta entornada le llegó un hedor insoportable, un olor que conocía bastante bien: el olor a muerte y putrefacción. La cama estaba partida por la mitad, y también allí había rastros de sangre. En el suelo, junto a la cama, distinguió un bulto inmóvil sobre el suelo. Ath se aproximó despacio y comprobó lo que Thysa ya imaginaba: un cadáver.

- Es una mujer.- informó.- Llama a Ruar, tal vez la reconozca.

El Gobernador se agachó junto al cuerpo y tras observarlo detenidamente durante unos minutos, asintió con gesto sombrío.

- Es Doira. Trabajaba en una herboristería cerca del Puerto. La dábamos por desaparecida, pensábamos que quizá había conseguido escapar de la ciudad al principio de todo esto.
- ¿Sabe si Doira sufrió alguna pérdida reciente, señor?- preguntó Ath.
- Sí… perdió a su hermano hace poco.
- ¿Estaban muy unidos?
- Muchísimo. Sólo se tenían el uno al otro.
- No me equivoco al pensar que había rumores sobre el hermano de Doira, tal vez relacionados con la viuda, la primera víctima…

Ruar parpadeó, sorprendido.

- No, no se equivoca. ¿Cómo…?
- El espíritu es el hermano de Doira, señor.- explicó Ath, apesadumbrado.- O al menos, lo era. Doira debió intentar devolverle la vida cuando murió, apelando a fuerzas y poderes tenebrosos con los que nadie debería jugar.
- ¿Saber eso le dará alguna ventaja?
- Hubiera sido posible, pero me temo que el espíritu de su hermano ha sido corrompido por fuerzas más oscuras aún. Nos estamos enfrentando a algo de magnitudes casi diabólicas.

Thysa advirtió que Ruar y sus hijos palidecían. Toda la confianza que habían mostrado antes, había desaparecido, sustituida por un temor fácilmente reconocible en sus facciones. No podía culparlos: ella misma tenía el vello erizado. En ese momento, sintió un pinchazo de dolor en la sien, que le hizo cerrar los ojos y apretar los dientes, al mismo tiempo que la recorría un escalofrío. Miró a Ath y supo que él también lo había sentido.

- Está fuera, esperándonos.- susurró.

Tras mirarse entre sí por un instante, salieron. Thysa advirtió un notable descenso en la temperatura: el viento era afilado y frío, y las olas del mar se podían escuchar ahora desde allí, embravecidas. Frente a ellos aguardaba el ser más tenebroso que Thysa había visto jamás, sin hacer nada por esconderse y desafiándolos abiertamente. No tenía el mismo aspecto que Ellem les había descrito, sino que su piel era tan negra como la noche, no tenía pelo, y sus ojos parecían brasas en la oscuridad. Tenía la boca abierta y sonreía de forma cruel. Movía la cabeza sin dejar de observarlos, como un animal.

Pero no era un animal, sino algo oscuro y siniestro cuya presencia provocó náuseas a Thysa. Sabía que le iba a ser imposible realizar una invocación, pero siempre le quedaba transformarse, por lo que se llevó la mano al cinturón y escogió uno de los muchos colgantes que tenía atados, de cuyo extremo pendía el colmillo de un lobo. Se lo colgó al cuello sin quitarle los ojos de encima a aquel malévolo ser. Y entonces Ruar, con un grito, instó a sus hijos a atacar. Los tres se abalanzaron sobre la criatura, pero ésta se movía con una rapidez sobrenatural que les desconcertó por unos segundos. Unos segundos muy valiosos que aquel ser utilizó para adquirir una ventaja fatal.

Saltó hacia atrás haciendo una pirueta imposible en aire, esquivando a Ruar y colocándose a la derecha de Ifher. Aprovechando aquel instante de perplejidad por parte de sus adversarios, golpeó al joven en el costado con las manos unidas en un puño, obligándole a soltar la espada. Se apoderó del arma y descargó un poderoso mandoble sobre Ellem, quien consiguió detener el ataque en el último segundo. Ruar intentó otra estocada, pero el enemigo la esquivó con inusitada facilidad al mismo tiempo que rechazaba la espada de Ellem y retrocedía ante el avance de Ifher. Estaba claro que no eran rival para él.

Thysa miró a Ath, inquieta. ¿Debían interferir? Fue entonces cuando alguien gritó. Cuando la joven volvió a poner los ojos en la batalla vio cómo Ellem se doblaba por la mitad, agarrándose el estómago con los brazos, y caía el suelo apretando los dientes para contener los gemidos de dolor. El ser sostenía la espada de Ifher, cuyo filo estaba manchado de brillante escarlata, y se relamía la sangre que había llegado a sus labios.

No esperó a que Ath le dijera lo que tenía que hacer. Cuando vio que su enemigo saltaba de nuevo, esta vez sobre Ifher y con la espada entre ambas manos, agarró el colmillo y se concentró con todas sus fuerzas en llevar a cabo la transformación. Fue entonces cuando sintió que algo más estaba interfiriendo con las ondas de su propia energía, aparte del aura tenebrosa de aquel ser. Miró de nuevo a Ath y vio que el joven sostenía la Cruz Universal, el símbolo de los dioses: una cruz de puntas iguales enmarcada en el interior de un pentáculo. Tenía los ojos cerrados y sus labios se movían rápidamente, murmurando. La cruz comenzó a brillar y la intensa luz blanca que despedía hizo retroceder al enemigo, que soltó la espada con un chillido escalofriante.

Hubo un momento en que Thysa tuvo que cerrar los ojos, pues la luz la deslumbró y le hizo daño. Cuando el resplandor desapareció, el ente se había desvanecido también. Ath estaba sudando y las manos le temblaban incontroladamente. Thysa, sin saber muy bien porqué, tomó entre las suyas la que le quedaba libre y se la apretó con fuerza. Pero entonces Ellem gritó de nuevo, y ambos acudieron a ayudar.

El ser había herido a Ellem en el vientre, y el joven sangraba profusamente mientras intentaba contener las lágrimas. Ifher le hizo un rápido torniquete con su propia camisa y entre él y su padre, lo subieron al caballo. Thysa dijo a los caballos dirigirse, lo más rápido que les fuera posible, a la casa del Gobernador para que no necesitaran ser guiados por las riendas de sus jinetes. Y conforme se alejaban de la casa del acantilado, por la mirada que leyó en el rostro de Ath, supo que no habían ganado ni mucho menos. El ser volvería, posiblemente más fuerte que antes.

3 comentarios:

Carlos dijo...

Ay!
¡Yo quiero que Thysa de una vez se arregle con Ath!
Y a ser posible que alguien muera, que es una pequeña manía mía xD
¿Esto lo improvisas o ya lo tienes escrito?
De todas formas, me encanta, tanto la historia como la forma en que está redactada.
Un beso
Carlos

Energeia dijo...

Lo improviso xD Y gracias Carlos, me alegro de que te guste, aunque puedo hacerlo mucho mejor. Parece que mi racha de inspiración se está diluyendo un poco xD
Es que estoy escribiendo varias cosas más al mismo tiempo, y es difícil rendir al máximo en todo :P

Anaid* dijo...

Pues yo no creo que tu inspiración se diluya... me encanta como escribes, de verdad.
Mil besos grises*